Writing
“Sea cual sea nuestra condición, siempre debemos hacer lo que queramos, y si queremos emprender un viaje, entonces debemos hacerlo y no preocuparnos por nuestra condición, incluso si es la peor condición posible, porque, si lo es, estamos acabados de todos modos, ya sea que emprendamos el viaje o no, y es mejor morir habiendo hecho el viaje que hemos estado anhelando que ser sofocados por nuestro anhelo.”
–Thomas Bernhard
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Oda
Lánguida figura de nazareos rizos negros. Silenciosa presencia de escandalosos apetitos volcánicos, insaciables.
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Psicólogo
Cuatro años han pasado desde que comenzamos a trabajar con mi cabeza. A reconocerme más, a reconciliarme con mis demonios, y a no morir de ansiedad.
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La extraña misericordia de estar vivo
El café se enfriaba sin tocar, la luz cambiaba, y en ese pequeño cuarto de metal y sombra sintió la extraña misericordia de estar viva: inadvertida, innecesaria, pero innegablemente aquí.
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Superstición
Cuando cruzo un sitio de construcción, evito pasar por debajo de alguna escalera que insinúe un mortal triángulo escaleno, y rezo para que en mi camino no se atraviese ningun gato fatalmente negro.
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Tiempos de sequía
Me permití marchitarme en los tiempos de sequía, cuando tus palabras no eran constantes, y extendí mis manos para ver si alcanzaba un poco de tu atención, como quien busca algo en un cajón revuelto con el paso del tiempo, entendiendo que nunca lo encontraría.
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La alegoría del mercurio
Lo que me persigue son mis suspiros, y este deseo crudo, absoluto, de que dejes dentro de mí un peso lento, planetario creciendo en mi interior
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Amarillo
Tú me enseñaste el arte de acomodar libros y apuntes para aparentar una faena de tareas y sacrificio sobre el escritorio, para conservar el privilegio de quienes se entregan a la noche y la despiden igual, para beberse la madrugada.
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Cinco minutos
Me aburre no estar haciendo nada, y aunque sé que debería estar haciendo otras cosas no las empiezo.
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Agua fría
Levantarme y buscarme entre las aguas sin tiempo, llevarme cargando siempre hasta que habite en mi cuerpo, mirar al monstruo parado y rescatarme de mí.
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Sombras que duelen
Tus pasos se fueron dejando silencio, y yo aprendí a hablar con paredes que no responden.
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No voy
No sé desear sin amar porque no sé calmar la marea —voy a abrazarte con todo mi cuerpo, mis brazos alrededor de tu cuello, mis piernas en tu cintura—; esa que surge de mis pulmones al tratar de nadar hacia tus manos una vez más.
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Tárdate aquí
Baila conmigo dentro de la humareda rala, agita el viento con tus brazos aspas y provoca al clima; rétalo, arrebátale azules y grises.
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Estragos
Pero ahora todo es calma y paz, y un sentimiento de placer extranjero hasta ese momento. Ahora quiere vivir, pero gracias a la guerra, aun si sobrevive, aquello será imposible.
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Mansión
A pesar de que te empeñes en negar el cariño que en tu interior escondes, me basta con detenerme en tu mirar, y enseguida sé que me correspondes.
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Pimienta
Podía ver su tinte casero para el cabello alrededor de su boca, alrededor de la línea del cabello, tinte negro punteado como pimienta, como una Kusama en miniatura, como si yo no prefiriera la sal.
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Carne de ladrillo
Entiendo la casa como el cuerpo que nos recibe cuando el mundo se nos mete demasiado. Otras veces siento que la casa me habita a mí, y no sé si soy yo o ella quien respira.
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Realidad inmediata
Solo trato de sobrevivir a la cotidianidad y, a veces, después de ello, hablo en voz alta, repito situaciones del día, frases que mañana olvidaré, porque de alguna manera lo sé: no pertenezco aquí.
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Hipnos me habló de ti
Vivía en el futuro del subjuntivo “añorando” por un sujeto que se rehusaba a encarnar sus textos. Una idea que se rehusaba a ser percibida, solo escrita, solo soñada.
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Wish You Were Here
Imagina la fotografía: una mujer sola, en la esquina de una isla, en pleno invierno, fumando su último cigarro.
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Sueños febriles
En medio del caos de mi cabeza, no puedo evitar imaginar cómo sigues colocando amapolas en mi cabello. Acostémonos bajo esta falsa aurora boreal con el aire frío de la noche…
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Gardenias
Quiero embadurnarme de tu cara en mi cara y seguirte el paso, fingir que somos hongos, gárgolas malditas estremecidas por la música lentita, dos botes agujereados, un centro de mesa, un juego de cucharas.
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De mi idioma
Mi lengua, me tiene a mí, y yo a ella como mi hogar y mi amiga eterna. Guardamos para siempre la respuesta a la duda ansiosa de la gente. Yo le muestro mi cueva, me hago una autopsia, y ella me da la palabra, la santa palabra.
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Abordando
Dicen que no hay retorno. El invierno llegó, hoy se siente a ocho grados. No sé cuándo voy a volver, pero sí sé lo feliz que puedo ser.
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Eclipse
Hace cinco primaveras planté tu recuerdo en un árbol que se secó, soy responsable de ello; en busca de privacidad para conversar, te sembré lejos de los demás.
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Música de puntitas
Terceras disminuidas y apagadas vacilaban sobre quintas abiertas. Señaló el centro de la guitarra y dijo: la música está ahí dentro, y sale de puntitas a bailar en la luz.
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Refugio: un poema a los perdidos en el océano
En la tierra, su lugar en él algún día será recordado, y alzarán la voz quienes no los salvaron y correrán hacia el mar para acunarlos en su renacer.
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Vestigio
Ya vendrán otros que en sus corazones guarden los mismos anhelos inútiles, los mismos deseos insatisfechos, la misma ambición estúpida que yo.




























