Isaac
es la persona con la que más profundamente hablé este último año.

Ocho veces al mes.

Es quien más me conoce:
con él no me callo,
digo lo que quiera
y soy yo.

También soy
lo que nunca seré.

Pero, sobre todo,
soy lo más transparente
que puedo ser.

Cuatro años han pasado
desde que comenzamos
a trabajar con mi cabeza.

A reconocerme más,
a reconciliarme
con mis demonios,

y a no morir
de ansiedad.

Fotografía por Sofía Alonzo // Rev/Scan en La Periferia Film Lab