Renuncié a todo lo que pude haber construido por ti, porque tu recuerdo me aterrorizaba en las noches y tu rostro venía a mí cuando besaba el de alguien más, porque, una vez más: no era justo extrañarte tanto. Me permití despertar adolorida, moreteada, cansada, con la pesadez de quien no sabe si hizo lo correcto o se traicionó a sí misma. Porque estoy cansada de encontrar ternura en donde solo hay maldad: el egoísmo de quien no sabe amar y tampoco deja que le amen.
Nada llega hasta después de verte, de escucharte y mirarte hablar, de analizar cada parte de tu espalda, de tus manos, de las ganas de llorar que me invaden cuando recuerdo cada parte de ti, cada segundo que hemos pasado juntos. ¿Por qué te esfuerzas en fingir que no sabemos nada el uno del otro y, cuando estamos en silencio, mágicamente recuerdas todos los secretos que te he contado? ¿Por qué sigues preguntando qué es eso que me tiene tan triste? Sigo sin entender qué te abruma, de dónde viene esa tristeza que me llama y es la misma que nos une, de dónde viene tu desesperación por no perderme, a sabiendas de que no eres mío.
No me permití percatarme de lo mal que estaba hasta que ya era demasiado tarde e, inconscientemente, susurraba que volvieras, como quien pide una prueba al cielo de que va por el camino correcto. Me atreví a decir tu nombre, como quien llama algo que le pertenece, en diminutivo, en susurros, con cariño, a gritos. Te hablé mientras mis dedos pasaban por tu cabello; te miré, te abracé y la ternura en tu voz me hizo sentir que entendía todo. Pero, a la distancia, después me di cuenta de que nada era verdad. Me atreví a creer en el juicio ajeno, me atreví a preguntar y a enamorarme de la respuesta. Me permití marchitarme en los tiempos de sequía, cuando tus palabras no eran constantes, y extendí mis manos para ver si alcanzaba un poco de tu atención, como quien busca algo en un cajón revuelto con el paso del tiempo, entendiendo que nunca lo encontraría. Me rendí, consciente de que no existe un nosotros y de que solo gozas de que alguien sea más miserable que tú. Dejé de buscar respuestas, pero no dejé de pensar en ti.
Fotografía por Sofía Alonzo // Rev/Scan en La Periferia Film Lab

Vídeoarte, guion, diseño de producción, arte urbano, textos tristes. A veces Sadnenita, a veces nada.
