La alegoría del mercurio

No puedo dormir sin ti.
Un leve zumbido de temor —cómo voy a arreglármelas—,
cómo vivir sin la alegoría del mercurio:
dos platas volviéndose un solo pulso
en la delgada vena de vidrio de un termómetro,
marcando una fiebre de patio escolar,
ahora quebrada y dispersa.

Lo que me persigue son mis suspiros,
y este deseo crudo, absoluto,
de que dejes dentro de mí un peso lento, planetario
creciendo en mi interior—
una órbita privada,
un nuevo centro de gravedad.

Fotografía por Cristóbal Coello Robles // Rev/Scan en Bengala