Mi lengua tiene vida.
Y más que vida tiene muerte: mi muerte.
La muerte de los secretos que la gente guarda en ella.
Cajita de enigmas, de palabras hermosas consagradas al amor.
Mi lengua, me tiene a mí, y yo a ella como mi hogar y mi amiga eterna.
Guardamos para siempre la respuesta a la duda ansiosa de la gente.
Yo le muestro mi cueva, me hago una autopsia, y ella me da la palabra, la santa palabra.
Me ha visto fiel, ante lo único que creo, que solo nosotras lo sabemos.
Lengua bendita, hechiza lo que toca, y los sonidos que salen por su culpa, sonidos de rebelde niña, mujer, anciana, hechicera.
Que no te aparten de mi lado, mi único sostén es el tenerte. No me basta el pensar, tengo que escucharlo para así poder arrancarlo de mi ser, diluirlo en el aire, en la cima de una montaña o en el oído de alguien más.
Fotografía por Andrea Sánchez S. // Rev/Scan en Foto Star

Nací en Guadalajara, pero he vivido en las tres ciudades más grandes del país. Me he dedicado casi toda mi vida al arte y en mi obra reivindico la infancia desde lo creativo.
