Artes visuales
“La relación entre lo que vemos y lo que sabemos nunca está clara. Cada atardecer vemos la puesta del sol. Sabemos que la Tierra se aleja de él. Sin embargo, el conocimiento, la explicación, nunca encajan del todo con la visión.”
–John Berger
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Un final mejor
Me di cuenta de que me falta mucho por aprender; mi visión, o mi “ojo”, está cambiando todo el tiempo. Siempre puedo mejorarlo, destruirlo o hacer lo que yo quiera, porque creo que el arte se trata de eso.
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Tiempos como estos
Me encanta crear, me pregunto por qué no puedo hacerlo todo el tiempo. A veces tengo tantas ideas en la cabeza que se vuelven ruido y es complicado darles forma. La inspiración también necesita pausas, no siempre se trata de producir, sino de dejar espacio para que las cosas aparezcan.
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The leap
Crear, para mí, es un acto de amor (hacia una misma, sobre todo). Y siento cierta responsabilidad en mantenerme en una frecuencia que me permita hacerlo con el mínimo de interferencias y conectando con el juego y el placer.
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Ecos cotidianos
Con mi cámara analógica intento registrar fragmentos de la vida que suelen pasar desapercibidos: una luz que se posa en una banqueta, gente que pasa y silencios que se esconden en las calles. Es un diario visual que se convierte en una forma de resistencia frente al olvido.
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Nada como vivir
La inseguridad: esa sensación de no sentirse lo suficientemente bueno o de consumir más de lo que se crea. En plataformas como TikTok o YouTube hay muchísima gente creativa y es inevitable compararse; a veces eso desanima.
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Violentas mariposas
Pienso en la identidad y en la raíz. En la urgencia de volver a contar desde lo que somos. Me interesa un cine con alma mexicana, con mística, con historia; un cine que no copie lenguajes ajenos, sino que descubra su propio territorio.
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Materia viva
Aunque uno estudie la técnica y busque el control, la película siempre guarda un misterio. La imagen se crea por sí sola, a su ritmo, en su tiempo. Y no importa cuánto planifiques, no sabrás realmente qué capturaste hasta que revelas.
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Mal de altura
Rara vez me he acercado a la foto con un fin en mente; ha sido algo que me ha acompañado en mudanzas, relaciones, viajes, caminatas y duelos. Una manera de mantener registro. Un medio con el que he aprendido a darle lugar al azar, al juego y al error.
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El tiempo es perfecto
He aprendido a agradecer y a estar siempre preparado para cada oportunidad, a dar más de lo acordado y a mantenerme fiel a mi visión y principios. Y he desaprendido a dudar del proceso: confiar en él ha sido esencial.
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Presencia / ausencia
La edición no es un paso posterior, sino una parte central del proceso. Es un trabajo delicado que define el sentido final de las imágenes y exige tanta atención como la toma de la foto.
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Contemplación cotidiana
Estamos en un mundo repleto de archivos digitales que no volvemos a ver nunca, y que se acumulan en lo profundo de los algoritmos o de nuestros dispositivos. He aprendido a tomar fotos con intención y contemplación, no solo para crear más contenido.
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Añoranza
Aprendo mucho de verme y reverme, de reeditar material. Hoy, “material viejo” puede ser de algunos meses; es una locura, todo va demasiado rápido. Parar a mirar lo que se hizo antes, tener la posibilidad de tenerle aprecio y ver en qué puede o no mutar con una nueva edición.










