¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Estuve trabajando en mi portafolio, generando material para poder trabajar lo más posible únicamente con la fotografía. ¡Retratos más que nada!

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí a no tener miedo a divertirme junto a quien esté compartiendo ese momento, y a que eso implique luego un gesto o poses que claramente reflejen algo, sobre todo, disfrutado. También, reeditando el material digital, aprendo mucho de verme y reverme, de reeditar material viejo. Hoy, “material viejo” puede ser de algunos meses; es una locura, ¿no? Todo va demasiado rápido. Parar a mirar lo que se hizo antes, tener la posibilidad de tenerle aprecio y ver en qué puede o no mutar con una nueva edición.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
¡Paciencia, sobre todo! Constancia, vocación, disciplina. ¡Japón! La palabra Japón me lleva a la idea, trillada o no, de la constancia en el trabajo y en la disciplina que tienen en Asia, sobre todo en Japón y China.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
La música se cuela todo el tiempo. Paso mucho tiempo escuchando música; es una compañía importantísima durante las horas y horas de edición. Siento que es un disparador de emociones y climas mentales. La abstracción de la música es un gran lienzo en blanco que siento que ayuda mucho a imaginar, a generar ideas, espacios, imágenes.
Algo que también me acompaña siempre en los procesos es la caminata sin rumbo. Salir a caminar sin celular, sin billetera, sin cámara. Solo las llaves de casa. Caminar para despejar la cabeza de todo lo que constantemente estamos viendo: pantallas. Me parece personalmente muy necesario poder despegarse de toda la maraña de información y productividad constantes; caminar y ver la calle, a la gente, saludarse, lo que sea. Eso lo alimento siempre, y no desde un lugar de pretensión de absolutamente nada, sino como una mera práctica necesaria.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil que enfrenté en mi proceso creativo, y que aún sigo enfrentando, es conmigo mismo. Habiéndome formado como actor durante años, haber trabajado de eso y luego dar un volantazo a los 30 años para elegir algo que me pedía la vocación fue muy complejo. Es algo con lo que aún trabajo y lidio. Hoy, de una manera mucho más amable conmigo mismo, con mi proceso y mi crecimiento. Desoír el “sos actor, no fotógrafo”.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
No tengo un solo sitio favorito; la comida en Ciudad de México es abrumadoramente mucha y buenísima. Pero: la sopa azteca de Tortas al Fuego y los tacos al pastor con queso de Naranjito, en Letrán Valle.
Si van a Argentina: sándwich de vacío en la Glorieta de Quique, frente a la cancha de Boca. Y también en La Boca: la fugazzeta cuadrada de Arsenio, una pizzería paraguaya alucinante.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Este mes en mi vida se llamaría Añoranza y el soundtrack estaría a cargo de H Hunt solo en el piano, con ese disco muy hogareño, cálido y abrazador: H Hunt – Playing Piano for Dad.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Fausto Elizalde, Suffo Moncloa, Marina Monaco y Michael Bailey Gates. Cuatro fotógrafxs contemporáneos increíbles. Me parece alucinante la manera en que, en un arte tan explotado como la fotografía, se puede encontrar un sello tan distintivo.
Nala Sinephro hace una música increíble y muchas veces me ayuda a modo espiritual, de conexión total con lo que se escucha y dejarse envolver. Lo mismo con Pharoah Sanders y Alice Coltrane.
Lucrecia Martel, en sus películas y en sus conferencias. Es una artista muy vital para Latinoamérica, con un cine increíble y con un serio compromiso en su discurso respecto a soberanía latina, medio ambiente y producción de material sensible afín a eso.
Recomiendo mucho también a Agnès Varda, Lou Ye y Chris Marker. Cineastas con una sensibilidad enorme, inquietos y un poco al margen de la “narración” como tal. ¡Sin que por eso diga que la narración sea negativa!

Nací en Buenos Aires. Me formé como actor, trabajé mucho como tal hasta dejar de hacerlo por la fotografía. Una vocación que siempre estuvo en paralelo hasta que comencé a verla enserio, con cariño, disciplina y ganas. Me vine a México a trabajar como de eso.
