¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Mis imágenes están muy ligadas a la experiencia y a donde me lleva la vida, así que he estado viviendo. Cada vez siento con más claridad que, cuando pongo energía en estar, las verdades se revelan con más ligereza. No suelo crear proyectos cerrados: las fotografías van encontrando su sitio y colocándose en las series que les corresponden, casi como si ellas me encontraran a mí.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Estoy desaprendiendo la resistencia y aprendiendo a disfrutar del proceso. Durante mucho tiempo trabajaba desde una idea mental que pretendía hacer realidad, y eso me generaba mucha frustración. Después de pelearme bastante con esa forma de crear, estoy practicando rendirme al proceso. Me pongo al servicio de lo que venga… y siempre me sorprende lo que viene. Tanto, que en mi trabajo no comercial no siempre soy consciente de todo lo que veo en el momento de hacer la foto: muchas veces descubro el simbolismo después, cuando observo las imágenes ya reveladas. Es casi un ejercicio del subconsciente.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
La palabra del momento está siendo silencio; un silencio más fértil y menos aburrido de lo que jamás había imaginado.

Cada vez me resulta más seductora la idea de aquello que nace de un ritmo lento, pero muy intencionado. Y la mayoría de las veces, acceder ahí solo es posible con la ausencia de ruido.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Estoy enamorándome de la música electrónica. Aprendiendo a leerla, a entenderla y a manejarla para crear y sostener emociones. Me fascina porque me conecta muy rápido con sentimientos que tenía velados y con mi cuerpo. Eso, inevitablemente, se manifiesta en las imágenes. Para mí, este tipo de música, al igual que la fotografía, habla de deseo y de expresión, de ritmo, de silencios calculados, pero también de terrenalidad. Soy muy imaginativa, así que encontrar canales para traer ideas y emociones a tierra me ayuda muchísimo a sublimar toda mi energía creativa.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
La paciencia. Mi mente va muy rápido, mucho más que la materia, así que, aunque empiece a gustarme, sigo integrando la lentitud del proceso del que antes hablaba. Cubrir el espacio entre tener una idea y materializarla es delicado.

Me sirve mucho romantizar el día a día, rodearme de verdad, de objetos que me den calma, vivir experiencias que me expandan y estar con personas que me hagan crecer y descubrirme. Son coordenadas seguras dentro de un terreno que casi siempre es incierto.

Crear, para mí, es un acto de amor (hacia una misma, sobre todo). Y siento cierta responsabilidad en mantenerme en una frecuencia que me permita hacerlo con el mínimo de interferencias y conectando con el juego y el placer. Así que todo este “ritual cotidiano” me sirve para mantenerme centrada sin querer huir, y me invita a dar el siguiente paso hacia mi objetivo, sea el que sea.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Me gusta mucho la comida libanesa. Pero mi plato favorito indiscutible son los filetes empanados con tortilla de patata de mi madre (y antes, de mi abuela).

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Air haría la banda sonora, segurísimo. Y de título, The leap.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.

Pía Riverola: Me encanta la ligereza con la que retrata la excitación de la fiesta que es la vida, y esa sensación constante de estar invitada.

Cristian Bravo: Me transmite intimidad, desapego y lo hermoso de la soledad. También movimiento y verdad.

Míriam Reyes: Me gustan todos sus libros de poemas, pero en especial Haz lo que te digo.