También me han puesto un nombre

Y se entiende que nada logra resumirse a una sola cosa.
Nos hacemos expertos en muchas de ellas y le tememos todos a una sola, creyéndonos como su victima.
¿Cuándo vendrá por mi? Es la pregunta que eriza cualquier piel.
Al menos a la mayoría.
Y mientras tanto todo es simple distracción, eso creemos.
Eso preferimos creer.
Es magnífica nuestra actuación, siempre buscando el mejor papel que podamos interpretar, y al final… al final como siempre, retornamos a eso de lo que un día huimos. Nosotros mismos.
Y llámele como le quiera llamar: esencia, espíritu, centro, naturaleza, alma, meollo.
Es precisamente a lo que nos hemos hecho unos expertos; en inventar, en poner nombres, en encargarnos de que todos aprendamos lo mismo.
Todo ello para evitar el silencio, porque también hemos querido aprender que nos molesta.
Molestarnos también es una de ellas.
Resumirlo no podemos. Todas le siguen a la primera.
Y aun así tercos en la búsqueda preferimos seguir inventando.

Nada parece detenernos, excepto eso a lo que también le dimos un nombre.

Fotografía: Nadja Bozic

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