Verborrea existencial n°1

9 junio, 2018

Tengo un sabor metalizado en la boca y me duele la parte alta del estómago.

La comida la siento desabrida (y repetitiva) ¿Cuántas veces más me tocará cenar exactamente lo mismo?

Quiero decir algo, pero no sé qué. O sé qué, pero no cómo. O se cómo, pero no quiero.

Quisiera ser mejor de lo que soy, o al menos… diferente.

Me despierto en las mañanas con ganas (incluso con ganas de ti), las tardes lobotomizado por los engranajes de sistema (hay que ganarse el ¿¿pan?? de cada día) y en las noches solo quiero sentir lo que sienten los muertos, asumiendo que los muertos ya no sienten nada.

A veces, solo a veces, creo que tendría que asumir el hecho que me han quedado cosas por decir(te), pero luego me digo, ¿para qué? Ya tienes quien te diga cosas, ¿realmente tendría algún valor decir(te) algo a estas alturas?

Algunas noches, sueño con la luna, también con las noches en Carcosa. Y me visto de amarillo, y le doy nombres prohibidos a los colores, y te apareces danzando desnuda, impúdica, con tu sexo alegre y tus pezones erectos. Te burlas de mí, ya que no puedo cruzar el lago Hali, y nos encontramos lejos, en espacios diferentes.

Mentes diferentes

Deseos diferentes

Pensamientos diferentes

Amores diferentes

Diferentes

Mientes

Mentes

Entes

¿Comprendes?

Otras veces ocurre que no me pasa nada, y las 24 horas del día se me hacen 4… o 2. Todo pasa pero no pasa nada. Incluso sucede que me río, sonrío. Aun discierno la teoría de la risa por simple acción mecánica o la risa porque algo en mí se acordó de vivir, y le resulta entretenido dejármelo saber.

Te extraño. Nos extraño, pero más que nada, me extraño. Sucede que me encuentro poco, y extraño charlar conmigo. Recuerdo que solía ser un tipo divertido. Si me llego a encontrar por ahí, caminando cabizbajo, me saludare y me invitare un café. Y si llego a hablar de ti, me tomare el tiempo de escucharme, y charlar como si fuésemos grandes amigos. Yo solía ser un gran amigo mío.

No escribo como antes, y no leo como antes. Antiguamente, era otra cosa. Ahora leo lo banal y lo mundano, escribo con el desgano de los poetas desencantados. Lo preocupante es que todavía escribo como si fuese para ti. Peor aún, leo como si fuese para mí. ¡Al carajo las viejas deidades!, yo si soy un ejemplo de masoquismo ilustrado.

Me fumaria un cigarro, pero no tengo. Los cigarros se han puesto caros, además prometí dejar de fumar. Como paliativo a mis drogas de elección, uso la imaginación, que a veces me funciona, para escribir pendejadas que sirven como válvula de escape, y me evitan la pena de ser tan descarado para decirte como cantaba David Gilmour: “I Wish You Where Here”. Que no es más que una forma un poco más original de decirte…

Fotografía: Julia Tröndle

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Como no he aprendido a auto-definirme, escribo estas palabras para rellenar espacios vacíos.