Sucinta admonición

No reivindiqué el entendimiento de mis cicatrices.
Solo aspiré en el momento de vital debilidad
un abrazo con sabor a silencio.

No aguardé la sanación.
Mas allá de las bregaduras físicas, las más recelosas son las que llegan con el
tiempo y afanan el ímpetu emplazando obstáculos en la estabilidad.

Pero algo debo de agradecerte.
La remembranza sádica del mundo exterior.
El cambio será siempre el ganador de la constancia.
Revelar nuevamente el ser objetivo el cuál se obstruyó.
Aquel cuyo flujo lógico nunca debió interrumpirse.

Fuera de la zona de control se descubre quienes somos y desafiamos el daño
causado.
El conocimiento del avance y el acentuado empirismo.

Cuando la epígrafe del pasado vuelva en forma de sonidos e imágenes,
podrás mirarle y afrontarle.

Fotografía por Eduardo Pedro Oliveira

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