SOY MÁS YO

Hubo un período muy oscuro en mi vida en el que no toleraba la soledad, pensar en estar sola me volvía loca, me asustaba. Buscaba cualquier tipo de relación para sentirme acompañada, me acostumbre a repetir patrones, a caer en círculos viciosos. Me cansé de que me pasará lo mismo una y otra vez. Repetir historias con diferentes nombres, sufrir por lo mismo, ¿a quién no le cansaría?, me canse de esa voz interior que me decía que las cosas estaban mal.

Me pase mucho tiempo esperando cosas que no llegarían, porque pues así es esto, no siempre vas a recibir lo que tú das. Tenía que demostrarme a mí misma que en realidad estar sola no era tan malo.

Decidí cambiar, y sí, la gente cambia, cambia cuando quiere, cuando se lo propone, cuando tiene mucha fuerza de voluntad, cuando se cansa de que pase mil veces lo mismo. No sé si cambie para bien o para mal, lo que sí sé es que ahora me siento mucho mejor conmigo misma, aprendí a decir que no, definí lo que me gustaba y lo que no me gustaba, deje de exponerme a situaciones que no iban conmigo y a veces hasta me incomodaban.

Empecé a rodearme de gente que realmente consideraba que era lo que necesitaba, ya saben de esas personas que están en las buenas y en las malas. Esas personas que te aceptan como eres y que no te fuerzan a ser algo que no.

En el camino perdí muchos “amigos”, gané otros pocos y atesore más a los que ya tenía, a los que aceptaron que ya no sería la misma, que respetaban por completo mi decisión de tener otro tipo de vida. No fue fácil, y en un punto tuve que aislarme por completo.

Pase mucho tiempo sola, intentando averiguar que quería, lo que necesitaba, lo que buscaba. Ya sabes aplique el viejo dicho de “mejor sola que mal acompañada”, aprendí a estar sola y no aceptar estar con cualquiera.

Ahora me siento mejor con lo que soy, y con lo que deje de ser.

Fotografía por Martin Canova

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