
Soledad, cuento de nunca acabar,
piernas de cuya historia he de gritar.
Aquellas seis líneas que acabaron con tu libertad.
Profanado tu nombre,
profanada tu vida,
profanada la luz que de tu voz nacía.
Soledad, soledad…
tierna gracia yacente en lirios.
Roja tu bandera,
roja tu sangre,
rojas las flores que nunca tocaste.
Soledad. Siete letras para resignificar la vida.
Maldigo al dios al que tu muerte ofrendaron,
aquel ocho de enero en que tu voz callaron.
Tú, soledad que confiaste tu jardín al más vil traicionero.
Soledad. De tu vientre pájaros vuelan.
Fotografía por Martina Madero

Nací en Guadalajara, pero he vivido en las tres ciudades más grandes del país. Me he dedicado casi toda mi vida al arte y en mi obra reivindico la infancia desde lo creativo.