Realidad

30 enero, 2019

Me pierdo en la vacío del mar de mis pensamientos, consumo lentamente las horas que me quedan por delante sin encontrar las razones necesarias para intentar resignificar lo que mis ojos perciben. Me separa un abismo inmenso. Me separa a mí como observador, de eso que es la realidad observable. No le entiendo, no logro comprender qué tiene de importante toda la farsa que quieren vender como verdadera. No logro tomar por verdad lo que intentan estacar en mi cerebro lentamente a través de mis ojos y mis oídos.

Sangran, sangran mis oídos como sangra toda su realidad enferma. Mi garganta quisiera desgarrarse en un estallido de verdades escupidas a sus rostros, pero no logro reconocerlos. No reconozco si son ustedes los que están representando todo este espectáculo. No veo quién se desliza con tal gracia entre las sombras. ¿A quién le pertenece mi odio y mi sed de venganza? Me enferma sentirlo todo tan ficticio.

Les veo a través de las pantallas, me veo reflejada en estas. Conozco el material de lo que percibo y aún así me sumerjo ante el primer sentimiento que me estremezca. He caído mil veces en un juego que en el fondo reconozco. Consumo sus mentiras y a la vez, en mi soledad, me autoproclamo conocedora de la esencia de los hilos con que nos dominan. Me asquea todo lo que de ustedes tengo en mi interior, mi vida construida bajo los parámetros que inventaron para mantener cautiva nuestra existencia.

Fotografía: Tomé Duarte