Oda a la homosexualidad femenina

Siempre que no estoy ella me dedico a conocer cosas nuevas, sobre todo música, libros, películas y otros datos innecesarios que a nadie le interesan, pero, sorprendentemente a ella sí.

La conozco como a la palma de mi mano, sé cuantos cabellos decolorados tiene y cuantos de su color natural, sé cuantas gafas ha roto y cuantas ha dejado atrás porque cree que es un modelo «que no le va», también sé que le gusta que cocine aunque no lo haga seguido y que le hable de mi asqueroso día en la universidad, al igual que sé que le gusta recordar aquellos días en que nos quedábamos todo el día en la sala de su casa escuchando a love of lesbian y a Iván Ferreiro. Sin embargo, aunque han pasado casi cuatro años, para mí todos los días con ella son como aquella primera vez que nos besamos y que toda la suerte del mundo se unió para hacernos coincidir entre toda la porquería con la que nos habíamos topado.

Nunca fue tan sencillo, claro que no.

Hace algunos años yo traía una carga horrible en los hombros y ella no sé que traía con ella pero no le gustaba que la quisieran, solo que la abrazaran. Hay muchas cosas que recuerdo de ese año y una de las más importantes que mi amor por la música era prácticamente nulo, estaba tan sumida en mi depresión que borré y tiré todo lo que tenía o quedaba de mi música; conocerla fue una especie de terapia, una muy exitosa. A partir de ella comencé a redescubrirme, aspiré a grandes cosas y seguí mis sueños, ya no quería vivir de prisa, quería detener cada momento o rebobinarlo porque ella lo provocaba en mí.

Pensaba que mi equilibrio era imposible, pero, gracias a ella me di cuenta de que no podía estar más equivocada. Estoy decidida a seguirla hasta el final. Cambié mis caras tristes por amor y posteriormente, por dedicarme a hacerla feliz, tan feliz como ella me hacía a mí.

Ser dos chicas nunca es fácil y se los juro que puedo comprobárselos por todo el odio que existe en el mundo, pero, ella y yo al coincidir fuimos imparables y ahora de verdad tenemos ganas de comernos el mundo.

Agradezco a la vida por ponerme en el camino de alguien con quien seré más grande que el propio universo.

Fotografía por Patricia Ruiz del Portal

 

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