¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Este proyecto nace desde la amistad y la curiosidad lectora. Somos Gerardo y David, dos amigos que se conocieron en la licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosfía y Letras de la UNAM. Al llegar la pandemia, armamos una librería virtual. Algo que nos hace especiales es que en nuestro catálogo, tenemos libros de editoriales independientes colombianas y ecuatorianas.
¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan acá?
Disfrutamos mucho cuando las editoriales nos comparten su boletín de novedades. Nos emociona saber cuáles son los libros que pronto estarán en circulación. También es una experiencia grata cuando recibimos los libros y los revisamos para adentrarnos a su mundo y así, poder recomendarlos a nuestros clientes.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Nosotros no tenemos un espacio físico como tal, somos una librería virtual. Cuando entras a nuestro perfil, podrás ver la vasta oferta de libros que tenemos disponibles. En nuestras historias compartimos los ejemplares que tenemos en stock, reels, podcast, promociones y novedades. Ocasionalmente llegamos a estar en eventos donde exponemos nuestros libros, donde saldrás con una sonrisa y muchas recomendaciones.
¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Somos un proyecto que está abierto al cambio. Desde el comienzo hemos tenido la necesidad de conectar con nuestro público y no solo vender libros. Empezamos con lives en Instagram donde hablábamos sobre los libros que vendíamos, los autores que nos gustaban. Posteriormente, los lives se convirtieron en un podcast y recientemente nos expandimos hacia TikTok, haciendo videos de los libros que hemos leído y las recomendaciones de nuestro catálogo.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Los mismos libros nos impulsan a seguir. Saber que hay mucho que descubrir, qué leer y que gracias a estos objetos se puede crear una comunidad donde haya intercambio de ideas, reflexiones, pensamientos y que a través de esto se forjan amistades entrañables.
Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
En general siempre que vamos a una librería independiente nos emociona pensar que en un futuro tendremos un espacio físico. Hace un par de semanas fui a Bogotá y me gustó mucho la librería Matorral. Una librería independiente lindísima, de dos pisos, cubierta de cristal donde todos sus títulos eran atractivos. Pensé en la creatividad que se requiere para armar una librería: el diseño del espacio, la distribución y obviamente, la selección. Tener una librería independiente es también una manera de expresarse.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Gracias al podcast y al club de lectura, pudimos invitar a escritores como Didi Gutiérrez, Giuseppe Caputo, Iliana Vargas, Andrea Chapela y María Fernanda Ampuero. Si tuviéramos la oportunidad, me gustaría entrevistar a Mariana Enriquez, Mónica Ojeda o a Cristina Rivera Garza.
¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Nuestra casa es nuestra bodega y a veces ya no hay espacio, tenemos que ingeniárnosla para poder guardar los libros. Una parte de la bodega es arriba de mi alacena.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Si fuera un libro sería “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, un libro que antes de abrir la librería, leímos David y yo. Nos gustó mucho cómo se narra la Ciudad de México a la vez que explora los años de juventud de Arturo Belano y Ulises Lima. Si fuéramos un disco seríamos Motomami de Rosalía. David, por su lado, no tiene disco favorito.
Respuestas por Gerardo Luis Galindo y David Bernal Montero

