La noche de ayer

Ojalá ya no hubiera razón para caer.
Y también despejar; pero así pasa a veces.
A veces así paso,
y esas veces son
eternidades,
una eternidad a la que regresas hasta cambiar.
Una clase de movimiento atroz, de esos que una no espera,
que llega por las noches a tocar la ventana y dice:
‘ya es hora, ya eres el ahora’.
Sé bien,
mujer,
cuánto vacío te atraganta por las noches, o cada que besa a otra chica, pero bajo esa brecha de terror, estamos, salvándonos.
Recuerda siempre, o nunca, cuánto te abrazo. Y entre esos abrazos, olvídate del miedo, mejor…levanta la frente, besa la comisura de tus desvelos, abraza fuerte tu cordura, y llora con la sal de tu mirada.
Llora,
y vete, regresa
y
encuéntrate.
Hasta que no exista ser que deba hacerte especial,
ya eres sólo por ser,
ya eres mi desvelo y mi ayer.
Te quiero morir para luego despertar, y vete lejos, para después reencontrar. Con otra cara, con el mismo entorno, pero sabrás que esos ojos anudados a tu espalda, entre las piernas y bajo tu pecho, ya hay otra, otra que ya no es.

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