La infancia que me hizo feminista sin saberlo

18 noviembre, 2019

Hoy decidí escribir esto a raíz de una de esas peleas cotidianas en el desayuno cuando mi hermana ya a la edad de 28 años, mi madre ya mayor y yo con 23 años nos encontramos ‘’disfrutando’’ de un domingo libre en la mañana. La discusión surgió de una plática común de mi hermana diciendo ‘’él esposo de mi amiga vino por ella enojado cuando habíamos decidido que por ser la despedida de Mari todas íbamos a pasar la noche juntas’’ después de eso surgió el comentario que desató todo, el de mi mamá ‘’pues está bien’’ de ahí surgieron preguntas por parte de mi hermana y mías de si entonces las mujeres debían renunciar a sus ratos con sus amigas solo por estar casada y tener hijos, algo con lo que al parecer mi madre está de acuerdo, las cosas salieron de control y solo hizo que nos enojáramos y cada quien se retirará hacer sus cosas, es entonces dónde me pregunté por qué mi hermana y yo pensamos completamente distinto a mi mamá si básicamente fue ella quien nos inculcó valores y educación. Afortunadamente siempre he tenido el pensamiento de independencia en cuanto a varias cosas, de la importancia del feminismo y la individualidad, entonces fue cuando regresé a mis pensamientos de la infancia y me encontré con lo siguiente:

Nací en una ciudad distinta a la que viví, tenía una madre, un padre y una hermana mayor, pocos realmente tenemos recuerdos de nuestros primeros años de vida, se me ha dicho que a los 3 años mi padre tuvo que irse para darnos ‘’una vida mejor’’ (lo cual le aplaudo y le agradezco ya que para él no fue fácil). Crecí de la mano de mi madre y mi hermana mayormente, haciendo berrinches y siendo corregida por mi madre y algunas veces mi padre que siempre estuvo presente aun en la distancia, mi hermana la cual me lleva 5 años solía cuidarme cuando mi mamá debía trabajar, nos divertíamos jugando con una consola la cual nos habían regalado los reyes magos, también nos divertíamos cantando y grabándonos con una videocasetera, cuando mi hermana ya era demasiado grande para jugar conmigo, jugaba con mis dos pequeños vecinos cercanos a mi edad, haciendo carreteras en la tierra y paseando los carritos por ahí, haciendo casitas y brincando por el cerro para encontrar ‘’tesoros’’, no siempre fueron muñecas y niñas.

He crecido viendo como mi hermana tenía que alistarse sola para la escuela, como yo tenia que regresar sola de la primaria, como las tres teníamos que hacer los deberes del hogar y cuidarnos siempre. Ahora que soy mayor me doy cuenta de que gracias a que crecimos sin la presencia de una figura masculina en nuestra vida diaria soy así. Me doy cuenta que si mi padre hubiera estado viviendo con nosotras mi visión de la vida sería distinta ya que mi mamá tiene esa mentalidad de que la mujer debe servirle al hombre siempre y estar disponible para lo que quiera cuando quiera, que la mujer no puede salir cuando ya esta casada y tiene hijos, la verdad es que no puedo estar más feliz de haber crecido de esta forma y de darme cuenta la mujer que soy hoy, sé que no soy perfecta y que hay muchas cosas en las que debó trabajar pero definitivamente mi infancia ha sido partidaria de lo que soy hoy. Amo a mi madre a pesar de que ahora que hablamos de estos temas chocamos demasiado y sé que es difícil hacerla cambiar de opinión.  Agradezco a mi padre también el inculcarnos que nosotras podemos crecer y no depender de nadie.

Con esto llego a la conclusión de que gracias a mi infancia hoy soy feminista.

Fotografía por Pierre Wayser

por

Escritora de nada, soñadora de todo.