Espectros

Los dejé atrás, o eso pretendí en mi delirio. Los sepulté bajo el mármol del olvido y sellé las criptas con el lacre de la indiferencia. Pero los fantasmas del pasado no conocen el reposo. Se deslizan de nuevo por las grietas de la conciencia, manifestándose en el crujir de una madera a medianoche o en el parpadeo de una vela que se extingue sin razón.

Son presencias sin rostro, pero con nombres que me queman la lengua al intentar pronunciarlos; sombras de afectos que traicioné o de promesas que, como cristales rotos, laceraron mis manos. 

Escucha… ¿no oyes ese rítmico golpeteo tras la pared del tiempo? Es el latido de lo que fue y ya no es, reclamando su lugar en el presente. Los espectros me observan desde los rincones oscuros de la habitación, escondidos llenos de reproche, recordándome que nadie escapa de su pasado. No hay océano lo suficientemente profundo, ni noches largas, para ocultar los restos de lo que fueron conmigo.

Soy el anfitrión de una procesión eterna, condenado a caminar entre las ruinas de mis propios actos, mientras el viento de afuera me aúlla y me marca una triste sentencia.

Fotografía por Valeria Mar Treviño // Rev/Scan en Pantera Film Lab