En mis caminatas cada vez me encuentro con más personas perdidas en su pantalla. Hay quienes aún levantan la mirada para prevenir un choque y hay quienes claramente deciden perderse en ella y dejar la responsabilidad de no chocar con el otro.

Esa actitud ya está dentro de mi clasificación de transeúntes: el que considera que la responsabilidad de no chocar es de quien todavía habita el mundo físico, porque él no puede hacerse cargo; está ocupado en otra dimensión.

Perderse en la pantalla mientras caminas comienza a ser algo normal. Incluso hay quienes avanzan con la boca abierta. Comienzo a percibirnos como otra especie: estamos dejando de ser humanos, pero tampoco tenemos el privilegio de ser animales. Ellos no se pierden en pantallas.

Fotografía por Alejandro Muñoz Aguadero