Emociones lentas

¿Cómo nació la idea de este libro?
Emociones lentas reúne mis tres últimos libros de poesía, y fue una idea que surgió con las editoras de Antílope. Junto con El color favorito, de Gris Tormenta, iba a ser mi primer libro en México, entonces decidimos comenzar presentando un cuerpo de texto amplio. Antitierra abre el tríptico y le sigue Piedras preciosas, para terminar con Pirámide, que está inspirado, casualmente, en un paisaje mexicano que conocí en mi primer viaje para allá, por lo que me alegró mucho saber que, de algún modo, esos versos “volvían a casa”.

¿Qué descubriste en el proceso de escribirlo que no imaginabas al inicio?
Estos tres libros fueron saliendo en Argentina, Chile y España en pequeñas editoriales independientes, y el acto de reunirlos reveló para mí su aire de familia, también la oportunidad de un cierre de ciclo.

¿Qué partes tuvieron que quedarse fuera para que el libro quedara como está?
Bueno, tengo otros libros de poesía anteriores que no quedaron incluidos en esta reunión. Quise mostrar lo último, hacer un corte reciente. Me pareció que este trío formaba parte de un mismo aliento repartido en una década de escritura.

¿Qué conversaciones, lecturas, imágenes o sonidos se cruzaron en la escritura de este libro?
Son diez años de poesía… Es la vida lo que se cruza, con todo lo que trae. Viví en dos ciudades distintas durante ese tiempo, y supongo que ese tránsito aparece, de alguna manera. También la lectura de todo lo que me caiga en la mano, los recitales a los que asistí, los viajes, los museos, las entrevistas que hice, mi trabajo, mis amigos, la calle, la biblioteca, la casa. Lo que va a parar a un poema nunca tiene un origen claro, al menos no para mí. Para peor, mis libros no son programáticos; no hay un tema ni un procedimiento que los guíe. En Argentina, además, al no tener prácticamente becas de escritura, practicamos una poesía muy libre y caprichosa; no nos toca llenar formularios resumiendo la “propuesta de la obra” o los “objetivos”, ese tipo de requerimientos institucionales que, para bien y para mal, pueden resultar en libros más esquemáticos. El lado negativo del asunto es que conseguir tiempo para escribir es una hazaña, debemos congeniar la escritura con todo tipo de trabajos. Los poemas de Emociones lentas surgieron en momentos robados a las obligaciones y también al ocio; se impusieron, de un modo u otro, a la agenda.     

¿Hay una emoción o pregunta que lo atraviese de principio a fin?
Creo que la pregunta por la “verdad” y sus sospechosas cualidades benéficas atraviesa los tres libros. También creo que hay una pregunta por lo sagrado que se intensifica conforme avanzan las páginas.

¿Hubo un momento en el que sentiste que el libro cambió de rumbo?
Sí, creo que Pirámide, el último libro, se separa de los dos anteriores. Hubo un corte entremedio en el que “descansé” de la poesía, ¡o más bien dejé que la pobre poesía descansara de mí! Sentía que me estaba repitiendo, y necesitaba revisar algunas cosas. Ahora, que intenté otro corte, comienzo a sospechar que esos son gestos, aunque privados, un poco sobreactuados. Que una siempre escribe el mismo poema, que hay que ser más humilde ante lo que se logra escribir y aceptarlo, no digo con orgullo pero sin dudas sin desprecio. El poema es una fuerza misteriosa que no debería rechazar. Mala o buena, se trata de otra cosa.

¿Cómo cambió tu manera de leer o de mirar después de terminarlo?
Al ver los tres libros juntos en un solo tomo, se hizo claro el paso del tiempo.

¿Qué autorxs te inspiran últimamente y qué encuentras en su forma de escribir
Leo mucho y leo de todo, no únicamente poetas. Puedo hablar de lo que tengo en mi mesa de luz ahora mismo: Una excursión a los indios ranqueles, clásico argentino de 1870 que no había leído todavía, de Lucio V. Mansilla. Estoy alucinada, creo que desbancó a todos mis escritores nacionales favoritos y se quedó con el primer lugar. Hay muchos clásicos que todavía no leí y es muy placentero hacerlo a esta edad, con cierto recorrido de lecturas a cuestas; la genialidad es tanto más clara ahora cuando aparece, tanto más rotunda. También estuve releyendo cuentos salteados de Borges (cada tanto lo hago como lo hacemos, seguramente, todos), y tengo dos novelas breves de Fleur Jaeggy deliciosas con las que intercalo. Luego, dos libros que recomiendo mucho: las entrevistas a Juana Bignozzi y a Joaquín O. Giannuzzi, dos poetas argentinos ineludibles. ¿Qué encuentro en estos libros? Capricho, libertad, testarudez, genio.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Si puedo elegir, siempre preferiré mi casa, en silencio, un domingo.  

Retrato por Catalina Bartolomé