El viento acomoda los trastes en la alacena

Abrí todas las ventanas.
Las ráfagas me arrebataron la última gota
que se resbalaba sobre mi cigomático.
Busqué algo para volver
a levantar los ojos.

Soy más peligroso
cuando extraño algo.
Y, aún así, extrañando:
los dedos de la saudade
me oprimieron el pecho.

Abrí los cajones.
Los platos rotos y unidos
son más que un milagro.
No hay migas
salvo los cadáveres de las polillas
a punto de convertirse en polvo.
Toqué los bordes redondos:
un molde metálico, frío
y manchado se sueño.
En ese mismo molde, te horneé
el primer pan.
Dijiste que era el mejor.
Pero un día coloqué todo
de nuevo en su lugar:
Los ingredientes y mi individualidad.
Los estantes son pesados
cargan trastes y eternidad.

Abrí todas las ventanas.
Tuve que acomodar la alacena
para encontrarte.

Fotografía por Geon Woong Bae