El espíritu de los rábanos

Luis Martínez era un espiritista famoso al cuál recurrían políticos y celebridades. Su nuera Elena González tenía un hermano menor llamado Carlos de 11 años, todos vivían en la colonia Roma y durante el año de 1968 recibieron la visita de una familia estadounidense.

Los Kaufman venían desde Nueva York para obtener la ayuda del espiritista Martínez, ya que el pequeño Charlie tenía una obsesión por los rábanos. Empezó a comerlos desde los 6 años, no podía desprenderse del olor aunque se bañara tres veces al día, su mamá probó todos los productos de limpieza para eliminar el olor a rábanos de su casa pero nada funcionó, cuando su papá podaba el pasto se podía oler un ligero aroma a rábanos, los padres no podían ver los colores blanco y rojo sin enojarse; ya no toleraban vivir así por ello decidieron recurrir a un espiritista ya que los 26 doctores que vieron durante 4 años no les resolvieron nada. 

Carlos iba a ser el guía de los Kaufman durante un fin de semana, a pesar de ser muy joven se sabía los nombres de las calles y nunca se perdía. Cuando los recibió en la casa del espiritista Martínez, lo primero que noto fue el olor a rábanos, los saludó y los llevó a la oficina para que empezaran la sesión. El pequeño Charlie de 10 años se notaba nervioso y tímido, sus padres se veían desesperados. El espiritista cerró la puerta y Carlos se quedó esperando en la sala. Su hermana Elena se acercó a él para decirle que en unos momentos iban a recibir una llamada telefónica de un familiar en la tienda de la esquina y que tenía que correr rápido para que no colgaran o para que no se cortara la llamada. En los siguientes minutos se escuchó una voz que venía de la calle: «¡Llamada para familia González!» Carlos corrió a la tienda, esta fue la conversación:

CARLOS
¿Bueno?

PERSONA DESCONOCIDA
Hola Carlos, ¿cómo estás?

CARLOS
Bien, ¿quién habla?

PERSONA DESCONOCIDA
¿Apoco no te acuerdas de mí?

CARLOS
No… ¿quién eres?

PERSONA DESCONOCIDA
Yo sí me acuerdo de ti. ¿Estás en la tienda? Salte de ahí.

CARLOS
(toma el resto del cable telefónico y se dirige a la banqueta)
Ya me salí.

PERSONA DESCONOCIDA
Ya sé, te estoy viendo.

Carlos no vio a nadie en la calle, se quedó ahí unos segundos y regresó a la casa. Antes de abrir la puerta notó que el vecino de enfrente lo estaba viendo, era el señor Kobayashi. Su actividad de todas las tardes era sentarse y ver por su ventana todo lo que pasaba en la calle. Los demás vecinos le pusieron varios apodos, como «El sensei», «El fideo japonés», «el Kung Fu», etc. Pero el que más utilizaban era «El Dron» ya que cuando veía a los demás por la ventana, ellos se sentían vigilados. Por ello cuando Carlos entro a la casa del espiritista, su hermana Elena le preguntó por la llamada y él sólo supo responder: «un dron nos espió por la ventana». En ese momento salieron los Kaufman de la sesión y se mostraban tranquilos pero cansados, la obsesión de Charlie y el olor a rábanos habían desaparecido. Carlos los acompañó al hotel para que descansaran ya que al día siguiente regresarían a su país.    

Con el paso de los años, Charlie Kaufman se convirtió en un gran escritor y la sensación de que algo deja olvidado siempre ha sido presente en su vida. No sabe en realidad que es, solo puede relacionarlo con colores, el blanco es el olvido y el rojo es amor y enojo. Durante el 2002 empezó el guión de «Eternal sunshine of the spotless mind», pensando que podría ser un alivio para esa sensación de olvido pero no le funcionó del todo, aún quiere saber que deja olvidado.

Fotografía por Fernando Sarano

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