El club de arte

La primera vez que lo vi, recuerdo que era un festival de Navidad. Las cosas eran extrañas, nunca pensé que íbamos a volvernos tan cercanos. Él era muy tranquilo y tenía una novia que siempre buscaba peleas, o al menos así lo recuerdo. Me trataba muy mal, y Gibran nunca decía nada, a pesar de ser mi mejor amigo. Se limitaba a mirar, y cuando llegaba la tarde, me enviaba un mensaje preguntándome si estaba bien, como si eso solucionara todo.

Seis meses antes de terminar la prepa, lo último que me dijo fue que no podía hablarme porque ella se iba a enojar. No era la primera vez en casi tres años, ya me había dejado antes, y yo había tenido que esperar.

Para ese entonces, ya había ido por mí alguna vez en su coche, cuando aprendió a manejar, y ya habíamos pasado todas las vacaciones de invierno juntos, escondiéndonos dentro del club de arte.

Fotografía por Abel Ibáñez G.