Diario sin hechos 18 

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(Diario sin hechos 18 bis

Nadie metió mano en el fragmento 18. Y si nadie metió mano es porque lo que ahí aparece fue escrito por las patas de la gata Lucy. La gata Lucy no quería escribirlo. Tampoco camina ni duerme sobre el teclado de mi laptop. Pero esta vez, como un par de veces antes, caminó sobre el teclado. Igual que en esas ocasiones yo la hice pasar por ahí de mala manera. Con alevosía.

Pasa que, en ocasiones, la gata Lucy, la malvada gata Lucy –pero ese calificativo es materia para otra ocasión–, se trepa a la mesa para exigirme que la acaricie. Y, en esta ocasión, como en un par de ocasiones anteriores, usé mis manos como cebo. Puse mi mano izquierda entre la computadora y Lucy para que anduviera sobre el teclado y cuando cruzó puse mi mano derecha del otro lado para que volviera a cruzar. Engatusé a la gata Lucy y esta vez me gustó el resultado. Como sea, si bien el ejercicio me pareció atractivo, lo importante es la gata Lucy y no el texto, sobre el que no hay nada que decir. La gata Lucy deseaba ser acariciada. Por lo tanto deseaba mi mano. Por lo tanto mi mano era un objeto de deseo a pesar de no estar tipificado como tal en ninguna teoría psicológica que yo conozca –tampoco conozco demasiadas. Los ojos, la boca, los senos, las nalgas, el sexo (los sexos), lo están, pero las manos no. Sin embargo, así como uno desea, necesita, ser visto y nombrado, besar, sentir placer, etc., también necesita ser tocado. Vaya, los objetos del deseo no son objetos del deseo en sí, sino paliativos o instrumentos para satisfacer una necesidad. Pues bien, la gata Lucy deseaba ser tocada, o más bien rascada intensamente en la espalda. Por un momento, pensé, mientras escribía esto, que el deseo animal no debe ser igual que el deseo humano, pero a fin de cuentas los humanos somos animales, aunque se nos olvide, y nos gusta rascarnos la cabeza, las orejas, la nariz, los piquetes… Sólo que los humanos somos el peor de los animales. Y no porque hayamos inventado el desierto de lo real sino porque nos contamos cuentos. O porque el desierto de lo real no es real sino un cuento donde nos sentimos culpables por nuestras capacidades ambiguas, o excepcionales por nuestras habilidades en el lenguaje y el raciocinio…

Divago. Lo real, lo real real, con minúsculas y sin tradiciones psicoanalíticas o filosóficas de fondo, es la gata Lucy, que quería que le rascara la espalda y se subió a la mesa para perseguir mi mano y exigírmelo. Su claridad era palmaria, inhumana. Lo inhumano no es lo cruel o lo bárbaro sino lo palmario. Lo humano es la confusión, la ceguera. Los gatos, los perros, las cucarachas, son incomprensibles porque son transparentes. Saben lo que es importante. Y lo único importante en la vida es comer, dormir y que te rasquen la panza.)

Fotografía por: Giorgibel

Abel Muñoz Hénonin

Abel Muñoz Hénonin dirige Icónica e imparte clases en la Escuela Superior de Cine, la Universidad Iberoamericana y el Centro de Capacitación Cinematográfica. Estudia el doctorado en Filosofía, Arte y Pensamiento Social en la Escuela Europea de Postgraduados. Coeditó con César Albarrán Torres el dossier “Latin American Cinema Today: An Unsolved Paradox” de Senses of Cinema 89 (diciembre 2018).

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