Creí avanzar y lo perdí

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Aunque la foto es parte esencial de mi yo creativo —junto con la literatura, pese a que esta la he descuidado mucho—, no trabajo propiamente en proyectos. Todos los días salgo como un pendejo arrastrando una cámara conmigo —figurativamente, porque las cuido más que a mí mismo—. Si algo se me cruza y vale la pena, lo fotografío. No busco composiciones perfectas, ángulos o una técnica pulida. Mi yo fotógrafo, a diferencia de mi yo escritor, apareció de la necesidad de que la gente viera lo que veo y cómo lo veo. Situaciones, emociones, personas.

Si tuviera que hablar de un “proyecto”, sería mi vida y mi entorno. La foto de calle me mama, sin embargo, últimamente me he enfocado en retratar a las personas que me rodean: mis amigos que están para mí en las madrugadas insomnes, mis papás, mis hermanos, yo borracho.

Mi proyecto soy yo. Verme en mi lente: mis pasiones, mis temores, ansiedades, dolores, amores. Sentir que si no lo retrato, si no lo capturo en la cámara, será como si nunca hubiera sucedido, como si no existiera o no tuviese la importancia que poseen. Muchas de mis fotos son autorretratos: cómo veo a un niño, a un hombre o a un perro. Todo es yo y lo que admiro e impregno en el sujeto.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Cómo es un día a día, o rollo a rollo —porque el mamón que soy solo tira análogo—. He aprendido a alejar la cámara de mis manos cuando empiezo a beber. Esto porque me ha tocado ver cómo me revelan rollos con tres fotos asquerosas de una cerveza o de mi cocina. Desgraciadamente, tiro esas fotos que ni están enfocadas ni tienen valor alguno. Entonces, he aprendido —aunque parece que no— a ahorrar película. Tiro fotos como si los rollos no costaran y después me veo comiendo Maruchan para librar la quincena.

Algo que desaprendí fue a componer. Comencé a darme más licencias: enfocar de maneras que sé que no agradan al cien por ciento a la vista, pero que me hacen sentir que son miradas que cualquiera podría tener en algún momento. Obviamente, en muchos aspectos soy un mamador, porque tiendo a ser muy purista con los rollos que uso, sin embargo, a su vez intento —no siempre me sale— no hacer lo mismo todo el tiempo.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Caos, enojo, amor, ansiedad, cariño, ternura, soledad, paz, dolor, felicidad, momentos, fotos, letras, cerveza, insomnio.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
La música es medular en mi yo creador. Mi mood va de acuerdo a lo que escucho. Cuando escribía más, lo hacía escuchando punk o rock duro hasta las dos o tres de la mañana. Ahora que me he enfocado más en la foto, salir con audífonos escuchando, por ejemplo, a Kendrick Lamar, me hace sentir más contemplativo y hasta directo. La música me da una seguridad que no tendría sin ella en los oídos.

De películas, Almost Famous (2000) me recuerda a alguien y a mí. Me hace sentir muchísimo cariño y amor; es una añoranza de algo que, en su momento, me hubiese gustado vivir.

De libros, tengo un amor irreal por Rafa Saavedra que me hace querer, a veces, cuando se trata de luces o conciertos, emular ese sentir extático que encuentro en sus cuentos o crónicas.

Por último, una conversación. Me cuesta un mundo ser vulnerable ante las personas, incluso con mi psicóloga. Pero hace poco, una conversación que concluyó con un “lamento mucho que hayas pasado por eso”, me dio, primero, la fortaleza para transitar esa semana y, después, la certeza de que a veces la mierda que nos tiramos a nosotros mismos debería ser menos.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
A mí mismo. Soy mi peor enemigo. Soy mi peor crítico. Es extraño que me guste genuinamente lo que hago. No sé si el problema es que soy duro con mi trabajo o que pienso que, no importa qué haga, siempre habrá quien lo pueda hacer mejor que yo. Pero, en un intento de perpetuar el absurdo, de todos modos sigo haciéndolo, porque puedo. Puedo seguir tomando fotos y, por muy mal que me llegue a sentir, aún les encuentro sentido. Un sentido que, claro, no viene acompañado del autorreconocimiento.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Está difícil, porque para mí la comida cumple ciertos parámetros de estado de ánimo, estado de sobriedad o de antojo. Así que, tendré el atrevimiento de recomendar algunos.

Primero, ramen: Wan Wan Sakaba en la colonia Juárez. Es comida japonesa pero siempre que voy pido lo mismo: el Tan Tan Ramen con fideo grueso, acompañado de una Sapporo. No tiene falla.

Ahora, birria: mi caldo favorito. He probado varias y hay dos que son mis favoritas, pero en el último año, por la cercanía a mi casa, voy más a una. He ido sobrio, mareado, muy pedo y siempre la disfruto. Birria Don Chuy en la colonia Guerrero. Como solo las cosas buenas, abre las veinticuatro horas del día. Mi combo cada que voy: un plato de birria, quesadilla con queso y una chela. Top.

Después, tacos. ¿Qué sería un chilango sin tacos de choricera? No recomendaré nada del espectro de la Roma-Condesa. Me voy más cerca del aeropuerto, a la colonia donde nací y donde varios vatos amanecieron con picahielos en el ombligo: Tascos Pascual en la colonia Malinche, metro Eduardo Molina. MIS tacos supremos. He llegado en bici, ya medio jalado, para echarme unos campechanos, de lengua, de tripa o de pastor. Nunca me han fallado. Cuando digo que son MIS tacos, es porque a ese lugar solo he llevado a una persona fuera de mi familia. No creo llevar a alguien más en un futuro cercano.

Esos tres son mis favoritos. Obvio se me escapan otros, como los caldos de gallina de la R1 en San Agustin, Ecatepec. Si llegasen a ir, recomiendo el cuarto de pechuga con todo: cebolla, chile piquín, limón y un bolillo. No hay pierde. No encontrarán mejores caldos y dudo que los vean en TikTok.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Es enero, es 2026. Nueva vida y cerca de mi cumpleaños… La película se llamaría Creí avanzar y lo perdí. El soundtrack sería por Kendrick Lamar y Juan Gabriel. Gurús y profetas de mi vida.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Admiro y siempre admiraré el trabajo de Pascal. Ella es el punto más alto al que aspiro como persona y artista. Después, Lina. Su arte es crudo y absurdamente honesto; se siente dolor, éxtasis, tristeza, felicidad. Es un todo, una potencia. Y, finalmente, Enrique Barbabosa, un fotógrafo profundamente bello.