Nota de la autora:
Este poema fue concebido y escrito originalmente en inglés. Por eso, considero que su lectura más fiel es en ese idioma. La traducción al español está pensada solo como guía, si hiciera falta, pero no como versión equivalente.
Solo lo llamamos “real” cuando ya no está,
cuando es lo bastante seguro como para
ponerle subtítulos.
La memoria es la tienda del museo donde
vuelves a comprar tu vida en un material más barato.
El pasado no es historia, es unos
pocos detalles verdaderos con impermeable
haciéndose pasar por “eso”.
La literatura ayuda —por supuesto—:
pone un reflector sobre el moretón y
pide aplausos por no
haberse movido.
Sigo pensando:
quizá soy adicta a la versión cruda,
como quien es adicto a
las tomas descartadas,
como la cronología lame la ruina
si está ordenada.
Intenté mirarme al espejo y ver
solo mis ojos, no mi historia, solo la mirada.
Y fue casi irónico
lo rápido que mi cara
empezó a narrar algo.
Hasta mis pupilas tienen opiniones.
Escribir podría ser serenidad,
o el primer paso hacia ella.
Pero no soy lo bastante paloma:
no sé llevar mensajes sin
masticarlos primero.
Durante años viví como una mujer muerta.
Tenía los ojos tan vacíos que la gente
los llenaba de papeles.
Acepté toda clase de soledad.
Me grabé encima tantas veces
que lo único que queda es nieve
vacío con fuente prolija locura
que llega lento desatando
la farsa de la claridad.
Nuestra época es demasiado mediocre para
sobrevivir a la intensidad.
Todo llega a medio hacer,
incluso el duelo.
Últimamente el sentido común
es la única filosofía que
no me hace sentir
que estoy fingiendo.
En algún punto entre Circe y Ulises
escucho una canción de Ralphie Choo,
mientras Enriquez usa la puerta sin llave,
von Trier graba dolor como meteorología
y Aphex Twin hace que el futuro suene
como un sistema nervioso aprendiendo a parpadear.
Hay coalescencia, sí.
No sentido, no tesis.
Más bien: un clima colectivo
atravesando cuerpos individuales,
todos fingiendo que es personal
porque así sobrevivimos.
Quiero sumergirme en otra cosa.
Un elemento. Quiero otro elemento.
No olor a perro en una habitación cerrada,
cosas guardadas con violencia suave,
retenidas tanto tiempo que empiezan a retenerte a ti. No perdemos la realidad: la escondemos
hasta que acepta quedarse quieta y
nos permite pasar por competentes.
Fotografía por Sofía Ron.

Nací en Los Mochis pero crecí en la Ciudad de México. Leo guiones y colaboro con un director. Escribo compulsivamente desde la pubertad. Me encantan las películas de Almodóvar, la música electrónica, los pasteles verdes, los poemas, la lluvia y el frío.
