Entre julio y octubre de 2016, hice un viaje de “mochilazo” acompañado solamente por dicha mochila (o más bien maleta) y la obra completa del poeta Amiri Baraka (1934-2014).
Al viaje era complicado llevar más libros, así que para sacar provecho de lo que sería mi única lectura durante esos meses, hice un ejercicio: ensamblé un texto tomando versos sueltos y aleatorios de 27 poemas de Baraka en su idioma original (inglés) e hice una traducción libre, es decir, imprecisa y cambiando las palabras y el orden a mi arbitrio, con el objetivo de unir todo en un poema nuevo.
El primer borrador fue de 15 páginas que, después de un lento trabajo de revisión, terminó por quedar de apenas 5; de ese modo, los versos seguían siendo un poco de Baraka pero también ahora un poco míos. La intención fue encontrar un punto medio. He aquí el resultado:
Las cosas tuvieron que ser así:
cada noche me pongo a contar las estrellas
y cada noche obtengo el mismo número
pero cuando no hay ninguna estrella para contar
entonces cuento los espacios vacíos.
¿Acaso alguna vez tendré capacidad para la dicha?
Parte de mi encanto genera sentimientos eléctricos,
un poco de nostalgia que de pronto
se transforma en terribles pensamientos de muerte.
Qué estúpido es ser tan sentimental
como para llamarle amor a cualquier cosa;
mi boca está muy abierta
pero no tengo nada que decir,
eso también es parte de mi encanto.
Tan simple como el acto de abrir mis ojos
ante las escaleras donde se estrellan mis lágrimas,
es inútil hablar de algo como el tiempo
porque los fantasmas cubrirán tu carne
buscando esconderse detrás de las mentiras,
como la endemoniada esfinge levantándose al crepúsculo
pienso en cómo pasan las estaciones;
tan simple como el acto de cerrar mis ojos,
he olvidado el color que se refleja en las colinas,
he olvidado todo,
dijiste que me amabas tratando de entender las nubes
y la luz.
A veces siento que debo expresarme
y entonces aquello que deba ser expresado
cae de mi boca como ceniza o como escamas
y cuando esas escamas se endurecen
todo parece hecho de luz verde;
supongo que el color puede borrar la incertidumbre,
como sea ahora todo está hecho de luz verde.
Pretendiendo ser alguien especial resucito en las mañanas;
debe existir algo intensamente genial en este mundo,
una cura mística,
algo para lograr que tu enemigo se rinda contra la pared
pero sin rabia
sólo sintiéndote feliz porque desde un balcón
alguien observa que triunfaste,
y así años después cuando viajes en el autobús
mires cómo es tu mano invencible la que sujeta el metal
aunque entonces seas viejo.
La superficie terrestre intenta poner límites a la violencia,
anoche hablando de nosotros nos amamos,
si pienso fuertemente en mí
entonces la miseria de mi vida no es tan cierta;
practicar la soledad es una virtud
una necesidad que nunca supimos que teníamos
¿a quién le importa que haya sido así?
El amor es movimiento
pero también puedo decirte sin moverme que te amo.
Estoy dentro de alguien que me ama,
miro desde sus ojos,
percibo su aliento que se convierte en sonido,
el aire caliente sopla frente a mi rostro,
esto es el amor humano y vivo dentro,
he nacido para morir donde el amor se abre en mis brazos;
ahora podemos ser algo menos miserable
porque entre nosotros existe el heroísmo,
ésta es la danza de la verdadera rebelión.
¿Puedes escucharme?
Aquí estoy otra vez
soy tu dinamita,
¿puedes escucharme?
Mi alma se mueve,
es el alma que me diste,
digo mi alma y se mueve,
es el alma que me diste;
estoy cansado de perderme tras las máscaras
porque no puedo amar calladamente,
ésta es una larga historia,
nuestros enemigos no serían tan poderosos si hacemos el amor:
la palabra amor es una pieza que el lenguaje usa para pelear.
¿Quién soy yo para amar profundamente?
¿Cuánto es demasiado íntimo?
A veces vivo contra la noche,
contra las afiladas mesas de los bares
y no sé cómo averiguar si alguien me busca;
he aprendido a repetir el sonido de mis huesos,
veo que amo lo que no debería amar
pero soy lo que creo que soy
y tú eres lo que creo que eres;
en tus sueños me han devorado las bestias,
el silencio es tan importante como nuestra propia vida
pero es una verdad clara que nos hemos abandonado
y no eres capaz de sentir lo rápido que voy hacia la muerte.
Mi corazón es amplio como para contener algo de historia:
un poema es una tontería a menos que se convierta en un árbol.
¿Quién eres tú escuchándome?
¿Quién eres tú escuchándote?
Estoy seguro de que hay alguien a quien amas
y estoy seguro de que algunas veces
ese alguien puedo ser yo.
Sé que no eres dios pero eres todo en lo que creo,
las ideas son reflejos de la vida material,
soy visible,
tengo la capacidad para ser visto,
el problema es que no siempre me ves.
Cuando el cielo estaba lejos
y cuando la poesía no era real
yo solía ser ignorante y silencioso,
solía ser un niño emocionado,
solía pensar que todo tenía alma,
solía pensar que los muertos estaban muertos para siempre,
solía llorar si necesitaba mentir
y solía pensar que el amor tenía solución;
¿pero qué amor no es frágil?
¿Qué amor no está en peligro?
Todo este dolor
es imprescindible.
Fotografía por Nicholas Dominguez Gallegos

(CDMX, 1989). Ensayista, narrador y poeta. Mantiene la cuenta de Instagram e_vizcaya y los links a sus libros pueden encontrarse en:
