Como aprendí a dejar de preocuparme y amar la cuarentena

Observar la paranoia en desarrollo constante de mis familiares más cercanos pasó de generarme preocupación a una reacción completamente jocosa, ya no me preocupan de esa forma, solo me hacen reír un poco.

Aunque la pandemia me preocupa tanto como a ellos, creo que puedo fingir muy bien que me gusta mucho estar encerrado todo el día, atesorando cada pequeña actividad como si mi vida dependiera de ello.

Hay algunas cosas que descubrí gracias a la cuarentena, a saber, no me gusta hablar por teléfono con amigos y/o conocidos que podría ver en persona de no ser por las circunstancias actuales porque no es lo mismo y es algo que me entristece un poco. Me gusta cocinar y limpiar, me encanta, me resulta casi orgásmico dejar brillante y pristino algo otrora sucio y desprolijo. Me gusta bailar, mientras más ridículo e inaceptable para los cánones coreográficos o lo que sea, mejor. Empecé a ver todas las películas de los 50’s y 60’s que siempre quise ver y procedí a enamorarme de todas y cada una de las actrices que aparecen en ellas porque todxs lxs personajes de esas películas parecen tener un «joie de vivre» particular hagan lo que hagan.
Esto es lo más cerca que la raza humana estuvo de su destrucción que nuestra generación haya visto, de hecho es algo histórico solo que en lugar de estar matando nazis en Francia, generando revueltas estudiantiles en meses encantadoramente específicos o tirando abajo el muro de Berlín, estamos en nuestras casas masturbándonos, comiendo, viendo películas, jugando videojuegos y manteniendo relaciones interpersonales y amorosas a distancia de manera forzada pensando que pase lo que pase, si es terrible, no estamos listos para eso. Quizás sea lo que nuestra generación se merece: un simulacro de apocalipsis paródico y gracioso en el que quizás muera el capitalismo o Mirtha Legrand.

Aunque aun me cuesta apreciar el hecho que todos los días parecen domingo, puedo apreciar fácilmente la realidad de hacer única y exclusivamente cosas que me gustan de manera continua. El prospecto no es tan terrible, me repito a mí mismo al menos una vez por día mientras espero a que las cosas terminen de empeorar.

Fotografía por Magnus Jorgensen

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