Carta al tiempo

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?

Desde hace algunos años vengo trabajando en un proyecto fotográfico que, por ahora, llamaré Carta al tiempo. Es una exploración de lo cotidiano, lo frágil y lo íntimo. A partir de mirar con calma lo que me rodea, voy registrando escenas efímeras: la luz que se cuela entre las persianas, un pedazo de hielo a punto de quebrarse, pájaros en pleno vuelo, el retrato de alguien que quizá ya no vuelva a ver tan seguido, un plato servido a punto de desaparecer. Me acerco a estas imágenes sin mucho concepto detrás, más bien desde un lugar espontáneo, lúdico, incluso un poco inocente.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?

He aprendido a mirar el mundo a través de la fotografía analógica, que para mí es muy distinta a la digital. Caminar con una cámara ligera y completamente manual, donde cada disparo es escaso, me ha hecho más consciente de mi mirada y de aquello —cosas o personas— en lo que decido poner el foco. También me ha enseñado a observar la luz y a leer sus destellos, brillos y sombras como mensajes que llegan desde algún lugar. Siento que la luz siempre tiene algo que decir, y mi tarea es interpretarla: preguntarme qué ilumina y qué deja en penumbra y por qué.

Esa convivencia tan cercana con la cámara me hace sentir acompañada. Desde que migré a Madrid en 2018, he atravesado muchos momentos de soledad y de dudas sobre la decisión de quedarme. Quizá la cámara es, para mí, el espacio donde voy narrando mi vida en este lado del mundo, con la intención de recordarme que aquí estoy, y aquí sigo.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?

Creo que lo que más me mueve a fotografiar es la sensación de que lo que estoy viendo está a punto de terminar, de desvanecerse, de desaparecer y ya no volverá. No lo vivo como algo trágico, sino como una necesidad casi visceral de conservarlo, de hacerlo mío, de intentar detenerlo, aunque sepa que es una ficción absoluta, un sueño iluso.

Fotografiar en analógico, sin ver el resultado de inmediato, me regala otros ritmos. Revelar, esperar, recibir las imágenes desde la sorpresa… todo eso me hace pensar en un tiempo más lento, casi circular. El pasado inscrito en cada fotografía me habla: siento esas imágenes como mensajes que mi yo de antes me envía, y que voy reuniendo poco a poco con la intención de, algún día, armar un relato visual. Hay algo profundamente mágico en ese proceso de espera y de no saber qué es lo que finalmente se pudo revelar.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?

El libro Los años de Annie Ernaux me hizo pensar en lo efímero de lo que vemos, en el paso del tiempo y en la fotografía como un testigo silencioso de lo vivido. Hay frases suyas que se me quedaron grabadas: “Todas las imágenes desaparecerán” y “Salvar algo del tiempo en el que ya no estaremos nunca más.” Siento que habla desde cierta resignación y frialdad, pero también con un deseo profundo de conservar lo que vemos, lo que vivimos, lo que sentimos. Me gusta imaginar que, en un futuro, cuando pasen muchos años, miraré estas fotografías con la misma mirada con la que Ernaux se acerca a la memoria: desde una especie de melancolía y agradecimiento.

También creo que la cinematografía de Sofía Coppola me ha marcado desde que vi Las vírgenes suicidas, hace ya muchos años. La manera en que su cámara se detiene en ciertos objetos y del uso de la luz natural me habla de una cotidianidad sensible: pausas, colores, texturas, espacios vacíos. Su mirada sobre procesos llamados “femeninos” está atravesada por la intimidad, la soledad y la incertidumbre, y eso me inspira.

Y, finalmente, hay un poema que me acompaña: This is just to say, de William Carlos Williams. Es un texto brevísimo, pero en él encuentro una enseñanza enorme: la posibilidad de mirar lo cotidiano con ternura, de descubrir la belleza en lo más simple, en lo que podría pasar desapercibido. Tal vez por eso lo siento tan cercano a la fotografía: esa capacidad de rescatar lo pequeño, lo fugaz, y volverlo memoria.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?

Creo que lo más difícil para mí es conceptualizar lo que hago. Llevo muchos años haciendo estas fotos casi sin darme cuenta de lo que estaba construyendo: para mí era más bien un acompañamiento a la vida diaria, algo que iba haciendo en paralelo a mi tesis doctoral, que estudia la violencia hacia las mujeres durante el conflicto armado interno en Perú desde las obras de mujeres artistas. Por eso siento que este trabajo nace desde la intuición y la espontaneidad, sin tener que pensarlo demasiado.

He ido compartiendo imágenes en redes sociales, pero sin una guía clara ni alguien que me ayude a mirar más allá de lo evidente. Es un proyecto al que todavía no le encuentro un límite: no sé cuándo voy a detenerme, aunque quizá ya estoy pronto a pensarlo con más cuerpo y dirección. Al final, las imágenes nos hablan, y siento que las mías ya empezaron a cuchichear entre ellas.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?

 Mi restaurante favorito se llama Isolina y queda en el barrio de Barranco en Lima, Perú. Pediría un pisco sour para empezar, un ceviche con chicharrón de pulpo, seco de cordero y de postre una crema volteada –la más rica de Lima sin duda.  

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?

Creo que en este mes ha estado muy presente la incertidumbre, entonces le pondría de nombre Un poquito más de sal. La banda sonora la pondría la cantante peruana La lá.

Recomiéndanos algún artista que sigas, que te inspire, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.

Me gusta mucho el trabajo de la peruana Ana Lía Orézzoli. Es una fotógrafa que también captura lo cotidiano y lo cercano. Además de realizar proyectos expositivos donde la fotografía se abre a nuevas posibilidades de montaje, ha creado fotolibros autogestionados a partir donde juega con las palabras. Combinar imágenes y escritura es uno de los procesos que más admiro y creo que ella lo hace ver y sonar muy bien.