
¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
En mi trabajo más personal que empecé hace casi cinco años: foto análoga intervenida. Me mueve intentar descodificar mis emociones, plasmarlas en fotos y meterles mano directamente. Destruir para construir; resignificar las fotos que tomé con cierta intención, ahora desdibujada con el tiempo.
Hacer intervenciones es algo parecido a poner punto final a las cosas. Así como el punto genera sentido en la palabra que le antecede, este es un ejercicio para para soltar, entender y poner sobre la mesa —literalmente— lo que fue: lo que sentí con lo que pasó, y que esto no solo se quede en mi corazón o en mi cabeza. Algunas fotos o dibujos son tal cual lo que siento, pero acentuado con letras de poemas, canciones o pensamientos repetitivos, más todo lo bello y hermoso que representa la fotografía en sí.
Volví a tomar fotos digitales después de una gran pausa; le encontré el amor a guardar en píxeles algunos días. Ahora estoy trabajando en ficción —el trabajo de mesa— y en un proyecto documental que jamás se me hubiera ocurrido que haría, pero que me está volando la cabeza. Siempre aprecio poder ver cosas desde otras perspectivas, hablar y compartir con personas muy diferentes a mí para seguir expandiendo mi cosmovisión.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Creo que una de las cosas que más me han dejado las intervenciones es aprender a procesar mis sentimientos: observarlos, sentirlos y no juzgarlos. También, al compartirlos, me doy cuenta de que no estoy tan solita en este mundo, aunque a veces se sienta así. Me permito ser muy transparente con mi sentir y me parece bellísimo que a algunas personas les llegue algo tan íntimo. Que un extraño o un amigue se vea, aunque sea un poquito, reflejado, me da mucha paz.
Siento que el hecho de poner en palabras o imágenes lo que a alguien le pudo lastimar o sacudir un día, es una manera de procesar nuestros propios dolores. Así me pasó con muchas obras.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Cada fotito e intervención que he hecho tiene su propia y particular historia, su emoción y su vida dentro de mí antes de ser lo que termina siendo. Por ejemplo, la postal cinematográfica que intervine con “No me alcanza el agua del dolor”, fue todo un viajezote. Me la regaló un extraño con el que platiqué en la calle, mientras hacíamos una película en el centro de Guadalajara en 2024. Me regaló un puño de postales de cine y me contó su historia de vida.
La postal 607 se la regalé a alguien que me cimbró la vida entera. Le conocí y me replanteó absolutamente todo. Aprendí de su mirada, disfruté mucho su compañía y compartimos varios atardeceres bellísimos. Después, nos dejamos con muchas preguntas replanteadas y el corazón en las manos. Al reverso viene una cartita de amor y las intervenciones en rojo las hizo él. Esa postal viajó desde quién sabe dónde a Ciudad de México, luego a La Paz y de regreso a Guadalajara. Pasó por varias manos, muchos sentimientos y muchas ideas. Esa imagen representa mi historia, a esa persona, a mi corazoncito roto, y quién sabe qué otras historias más trae consigo.
Algunas otras son fotos familiares que reinterpreté con los años. Algunas son gritos, otras susurros. Cada una tiene su propia vida, su propio desarrollo y su propio sentimiento detrás.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
En mi arte todo influye. El cine siempre ha sido mi ventana, mi espejo y el camino; me ha llevado a muchísimos lugares y siempre me sacude y me inspira en muchísimas formas que aún no logro entender. Poquito de lo que soy es a partir y por el cine, de ahí devienen todas las demás artes. Son una llamita.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Poder vivir de ello. Intentar capitalizar y ponerle un valor monetario a algo que salió desde lo más profundo de mi ser me causa mucho conflicto. Vivimos en el capitalismo y tengo que pagar renta, comer, y hacer fotografía cuesta.
Pero también me gusta que las personas puedan tener algo que les resuene, y detesto que el arte sea solo para cierta parte de la población y excluya a quien no puede darse el lujo de tener una pieza porque es eso o alimentar a su familia.Me gustaría poder llegar a un balance óptimo en donde pueda seguir haciéndolo, aunque los precios de los materiales sean cada vez más caros.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Biolento es mi lugar seguro. Es cómodo, está fresco, es rico. Pídanse un Átomico o un Suerito Manchado para refrescarse.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Al final, volvemos a empezar. Estaría musicalizado por Lázaro Cristóbal Comala.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Eduardo Luis es una explosión de creatividad y talento en las disciplinas que maneja. Es mi guionista mexicano favorito: escribe con una soltura y una naturalidad tan bella que olvidas que hay alguien detrás de la historia que acabas de leer. Aprendí a amar la poesía gracias a él y siempre agradeceré el acercamiento que me dio a la palabra. Sus fotografías son una cosa preciosa; me gusta mucho ver el mundo desde sus ojos y que comparta los detalles que cree importantes. Hay una intimidad y naturalidad muy suaves, y me encanta que nunca deja de explorar herramientas. Aparte, hace los pancitos más deliciosos de todo Durango.
Claudia Becerril es una de mis cinefotógrafas favoritas desde hace un par de años. Tiene un gran ojo: los movimientos, los encuadres, los detalles. Hace magia con lo natural, eso hace que el set sea más libre y que los actores puedan fluir. Visualmente logra que todos los departamentos se vean en armonía y que, de tanta sinergía, olvides qué manos tocaron lo que estás viendo. Eso deja ver mucha empatía y mucho entendimiento del otro. Se siente generosa en imagen y me vuela la cabeza todo lo técnico.
Van es un artista multidisciplinario. Es de esas personas que transpiran talento y creatividad. Échenle un ojito.
