Renacer al borde del abismo

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Acabo de terminar mi primer cortometraje titulado Tres Veces Doce, el cual autoproduje, filmé en Madrid, y colaboré con artistas franceses para la música, el diseño y mezcla de sonido. 

Ahora estoy empezando una proyecto fotográfico nocturno en Paris, enfocado en los comensales de restaurantes. Es la primera vez en trece años que trabajo en una serie en la noche. Me siento inspirado por el ritual de la cena, la intimidad de la luz nocturna y la pintura de Edward Hopper. 

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Con el cortometraje aprendí todo el proceso de hacer una película, aunque lo realicé de una manera completamente opuesta a la tradicional: no empecé por el guión. La idea nació orgánicamente en un viaje de doce días a Madrid el verano pasado, donde, en vez de fotografiar, empecé a filmar lo que me fascinaba. A medida que pasaban los días empecé también a filmarme a mí mismo.

Meses después, ya en Paris, revisé el material y me di cuenta de que había una historia. Entonces decidí hacer el montaje de manera muy intuitiva, guiándome solo por las imágenes y los sonidos.  Una vez terminado, vino la escritura de la voz en off y, por último, la música, el diseño de sonido y los subtítulos. Al final, fortalecí mi conexión con una forma muy intuitiva de crear. Entendí que quiero continuar abriendo senderos y posibilidades en el cine, pues es un medio que permite una expresión mucho más amplia. 

En cuanto a la fotografía nocturna, he aprendido a convivir con imágenes más ruidosas y sombrías, pero a su vez con una intimidad que me fascina y apenas estoy empezando a explorar. 

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Hay tres palabras que rondan mi mente en los últimos tiempos: 

Conciencia. Busco entender que todo lo que me rodea está lleno de una forma de conciencia, con la cual conecto de alguna manera si estoy viviendo el presente eterno. He comprendido que, como artista, soy un instrumento de una conciencia más amplia que, en las condiciones idóneas, utiliza mis talentos para expresarse. No solo para compartir una visión con otros, sino también para conocerme a mí mismo y permitir que esa conciencia se experimente a través de ese acto.

Pasión. Ese fuego interno que me provee la energía vital para levantarme cada día y hacer aquello que mi Ser interno realmente desea. La pasión es la brújula que me guía en cada instante de mi vida; desde las cosas más simples, como dar una caminata o tomar un café, hasta las cosas más complejas como hacer una película. Trato, en la medida de lo posible, de seguir la dirección de esa llama que, en el presente eterno, me indica el camino que mi Ser desea experimentar. 

Fe. Para mí significa creer en mí mismo y en el universo. Confiar en que estoy siendo guiado, respaldado y protegido por mi Ser Superior y por el universo hacia el lugar exacto donde necesito estar, siempre que siga el llamado de mi intuición y la guía de las sincronicidades. 

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Creo que en cada producción artística se cuela, consciente o inconscientemente, todo el bagaje artístico que lo ha inspirado a uno durante su vida. En retrospectiva, entendí que en el proyecto Venus Awakenings estaba buscando inconscientemente el despertar de mi Anima, que según Jung es el arquetipo femenino dentro de la psique del hombre.

En esa época yo llevaba un tiempo estudiando a Jung y fue la primera serie que realicé con mujeres. Entendí que mi subconsciente estaba buscando transmutar y conectar con mi Anima debilitada para ponerle luz, despertarla e iniciar una integración a mi psique. Descubrí esto años después, durante la investigación de mi tesis de maestría en la Sorbona, cuando colaboré con una psicoanalista junguiana en sesiones basadas en mi portafolio fotográfico. Ahí ella pudo leer los arquetipos presentes en mi subconsciente. 

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil ha sido entender el cambio de ciclo en el que me he sumergido los últimos tres años. Por fin entendí que mi Ser me estaba pidiendo apertura hacia otras formas de expresión, además de la fotografía, para empezar a experimentar, crear y concretar proyectos de escritura y cine.

A veces es más fácil quedarse en la zona de confort, pero mi Ser me invitaba a cruzar fronteras y a lanzarme a crear en otros terrenos. Ir hacia lo desconocido siempre es difícil; requiere valentía y fe para soltar y seguir la pasión con conciencia. Ha sido como un cambio de piel, donde conservo los lunares y las pecas de mi versión fotografía, solo que ahora le he añadido matices de colores nuevos a través de la palabra y la imagen en movimiento. 

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Aquí en Paris hay un lugar de comida vascofrancesa que me encanta, se llama Restaurant les Fabricants. Es un restaurante de barrio frecuentado solo por gente local. La comida es exquisita y generosa; el ambiente es cálido, cordial y familiar. Recomendaría pedir su plato icónico: el escalope de veau montagnarde (escalope de ternera a la montañesa), servido sobre una cama de papas, coronado con jamón de pays y queso cantal, todo bañado en una salsa de champiñones.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Se titularía Renacer al borde del abismo y el soundtrack lo haría Guns N’ Roses.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Un fotógrafo: Alex Webb. Me encanta la complejidad de sus composiciones, su manejo del color, y su capacidad de volverse invisible estando muy cerca de la cotidianidad de las personas.

Un cineasta: Wong Kar-wai. Me fascina la intimidad de sus películas, el manejo del color y, sobre todo, su manera instintiva de dirigir, lejos de la rigidez de un guión. 

Un escritor: Henry Miller. Alucino con su talento para contar la realidad más banal de una forma casi cinematográfica; su capacidad de crear historias pasando de situaciones triviales a pensamientos profundamente espirituales y filosóficos; y, sobre todo, su coraje y valentía de poner su propia vida como tema central de toda su obra.