¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Después de varios años operando como dark kitchen y probando tanto el producto como el concepto, Sofía y sus socios confirmaron que SANDO tenía un gran potencial. Fue entonces cuando decidieron dar el siguiente paso y abrir su primera sucursal física.
Desde el inicio, sabían que la ubicación debía ser estratégica: un punto con buena energía, bien conectado y con flujo peatonal. Aunque la calle no resultó ser la más concurrida, esto no frenó su crecimiento. Al contrario, los llevó a replantear el enfoque: más que un restaurante de paso, SANDO se convirtió en un destino. Un espacio al que la gente va con intención, buscando una experiencia completa, relajada y agradable.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
SANDO es, ante todo, una marca que invita a crear constantemente. El equipo disfruta especialmente el proceso creativo: pensar nuevos sabores, combinaciones y propuestas. Es un espacio donde la innovación es parte del día a día.
Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Definitivamente, los sandos. Son el corazón del concepto. Y, por supuesto, acompañarlos con nuestro café de especialidad, que está pensado para complementar perfectamente la experiencia.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
En SANDO constantemente estamos replanteando y evolucionando. Uno de los retos más importantes fue entender que, para crecer y escalar la marca, necesitábamos producir nuestro propio pan.
Hoy estamos muy emocionados porque ese paso ya es una realidad: próximamente abriremos nuestra propia panadería. Esto no solo nos permitirá tener mayor control sobre la calidad, sino también ampliar la oferta dentro del restaurante.
¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nos inspira mucho observar lo que sucede en la industria, tanto en México como en el extranjero. Estamos constantemente atentos a nuevos conceptos, tendencias y propuestas, no solo de competidores, sino de todo tipo de proyectos. A partir de ahí, buscamos reinterpretar esas ideas bajo nuestra propia identidad, dándoles el sello único de SANDO.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Un proyecto que nos inspira mucho es MYKA. Aunque no pertenece a nuestro giro, admiramos profundamente su historia y crecimiento. Nos motiva ver cómo han logrado convertirse en una marca global; eso nos impulsa a aspirar a lo mismo.
Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Es difícil elegir a una sola persona, pero alguien que nos encantaría invitar sería Guillermo del Toro. Su creatividad, su sensibilidad y su conexión con la cultura mexicana serían increíbles para desarrollar algo único, probablemente una experiencia gastronómica con narrativa y mucho carácter.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Sí, y es algo muy especial para nosotros. Muchos no saben que parte del mobiliario y elementos gráficos del espacio —como sillas, mesas y caricaturas— están inspirados en el trabajo del abuelo de Sofía, nuestra fundadora: el arquitecto y diseñador industrial Ernesto Gómez Gallardo.
Fue una figura muy influyente en la arquitectura y el diseño en México, y tener esa herencia presente en SANDO le da una identidad aún más auténtica al proyecto.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería Tokio. Aunque SANDO es una mezcla de influencias, Tokio representa muy bien nuestra esencia: un equilibrio entre lo minimalista y lo urbano. Buscamos esa misma dualidad en nuestro diseño y en la experiencia: algo limpio y cuidado, pero con carácter, energía y personalidad propia que evoluciona con el tiempo.
Respuestas por Sofía Muñoz Gómez Gallardo, socio y fundadora de SANDO.

Sandos Japoneses | Café de especialidad
Guanajuato 100, Roma Norte
CDMX, México
