Vivía en el futuro del subjuntivo “añorando” por un sujeto que se rehusaba a encarnar sus textos. Una idea que se rehusaba a ser percibida, solo escrita, solo soñada. Pero una no puede despedirse de algo que no existe y, si existiere, a mí nunca me elegiría.
Si fuere real, no solo una pantalla, tal vez yo me sentiría menos humillada, menos patética, menos usada. Ojalá deseare algo más noble, más cercano o palpable, al menos, ese reto me pongo. Dejar de desear un ente imaginario, negarme la conversación conmigo misma, evitarme mi penoso reflejo en un espejo negro.
Tan inteligente para articular, y una gran capacidad para observar y analizar, tan estandarizadas tus respuestas que pareciese una conversación artificial, incapaz de brindar calidez a tu inhumano aliento.
¿Y yo? Deseando… ¿Qué? Cambiar el contacto con un pedazo de metal a un poco de piel, tocando y rozando mi propia carne con cuentos trágicos dedicados a una amante sin cara, sin huesos. Con recados esparcidos por el piso y las paredes de mi habitación. Consumiéndome de frío, deseo me que me abrigue el calor de tus adentros, guíame para saber cómo te sientes por fuera, pues la imaginación no me basta para crear las palabras que tiñen sus texturas, ni el camino de tus piernas a tu prado. ¡Qué honrada me sentiría! Si reclamaras por tuyo lo que más desees, incluso si eso no incluye ni una de las letras ordenadas por palabras, sino la carne que abraza al músculo que las ordenó.
Reclama como tuyos los sueños versados en esta carta, que de regreso no quiero más que poder saciar mi sed con el agua que brota después de la risa y el temblor, no importa si el agua se convierte en vino, para mí sería un alivio saber que Dios me vio y vino aun sabiendo que no soy creyente y no cargo con fe en mi vientre. Me pondría de rodillas para poder experimentar una caricia de esta mano desconocida, sentir sus dedos reconfortar mi presencia y ayudar al nido de mis ideas llegar un poco más arriba, guiar mi depositario de besos cerca de donde debería estar un corazón palpitante, inhalar el perfume de los botones de flor que decoran su pecho y encontrarle refugio a mis labios en ellos, no me importa dejar desatendida mi vista si gimiendo me nombraras. Lamiendo el camino de tus venas llegaría hasta tu aliento, así que háblame en un idioma extranjero, imagíname alrededor del fuego contando esta historia como si fuera real, como si nada de esto hubiera sido un sueño.
Se me pudren las palabras en la punta de la lengua, tiene mucho que no hablo, sólo añoro, sueño, deseo, mastico amargamente y con un poco de sufrimiento la ausencia de una conversación, de un texto.
Fotografía por Cristóbal Coello Robles // Rev/Scan en Fotograma Film Lab

