
Tu grito se alzaba
sobre el silencio de las sepulturas.
Buscaba, en lo más profundo de las almas,
a la voluntad rendida ante el miedo.
Nos llamabas a imaginar:
padres de familia sin temor,
campos de aguacate sin sangre,
pueblos de montaña sin muertos.
Te alzaste como una trompeta beligerante
contra el letargo de los corazones.
Pero más cerca está el paraíso.
Por toda respuesta
a tu reclamo de justicia,
siete balas te buscaron la vida.
Y su cometido cobarde alcanzaron.
Ahora, para ellos mismos, te reclaman,
quienes en vida jamás te nombraron.
Prometen la justicia que no te concedieron.
Tu grito se alzaba…
pero no se alzará más.
Tu silencio se suma al silencio de los muertos.
Fotografía por Fernando Vasquez Gutiérrez
