
A veces vuelvo a ese umbral,
donde la sombra abraza la luz
y el silencio tiene tu forma.
No sé si fue amor lo que hice,
o solo el intento torpe
de retener algo que debía dejar ir.
El tiempo me enseñó despacio
que amar también es soltar,
que no todo lo roto se repara,
pero aún puede florecer.
Te fallé sin querer,
con la ceguera de quien teme perder
lo único que le da sentido.
Y en esa torpeza,
aprendí a mirar hacia adentro,
a encontrar en mí
la paz que buscaba en tus ojos.
Hoy deseo que seas feliz,
sin que la culpa me persiga,
sin que la nostalgia me hable tan alto.
Porque si algo entendí,
es que el amor verdadero
no siempre se queda—
a veces sólo se transforma
en una esperanza que respira a lo lejos.
Fotografía por Sergio Nolasco Infante

Arquitecto veracruzano radicando en Monterrey. Desde 2024 encontré un nuevo amor en la fotografía análoga. Vivo eternamente enamorado de la arquitectura, la lectura y las empanadas argentinas.