Veo miles de vidas pasar,
ya no sé cuántas llevo.
Esta muerte ha dolido más,
es un salto cuántico en carne y hueso,
y me duele hasta la punta de los dedos.
Cambiar duele.
Por un rato, debajo de las cicatrices,
las despedidas se tiñen de una familiaridad que duele más.
La mía duele tanto rabano
que ahora no siento.
Lo siento.
Por ahora, buscaré vida en otra vida.
Las muertes, muchas veces, llegan como truenos:
una luz potente,
y luego, mucho miedo.
De pronto, el aire cambió a fresco,
y se enfriaron los recuerdos.
Sé que es hora,
pero nadie me enseñó
a honrar la muerte propia.
Ardí sin aviso,
y ahora mi familia busca casa.
Fotografía por Paola Anahí Garza Romo.

Escribe sobre lo que duele, lo que cambia y lo que vuelve a florecer. Autora de Todos los Jardines.
