Se le murieron los dos hijos la misma tarde. Pegados los dos. Como las costillas al horno cuando se aprietan en la bandeja. Pegados y crujientes.

El grande corría como un caballo, rodillas en tierra. El chico sobre su espalda, agarrado al jersey, sin riendas. Por la cocina, por el salón, hacia los cuartos, al umbral y a la calle; otra vez al salón. La tarde completa de risas. Su madre cortando en dos las moras para el remate de una tarta. La última cama en azúcar blanco. El padre con la lámpara de la mesita, que le pasaba algo, que fundía sin control. Los cables en el suelo, pelados y encornados. El chico sobre el grande, a caballo. El grande pisándolos con la palma de la mano, haciendo masa. El salón oliendo a quemado. El padre derretido, en los suelos, chillando, llorando. La madre con el grito aprisionado. Los niños ardiendo, el chico sobre el grande, pegados los dos.

Fotografía por Elina Lex