Hacienda de San Rafael

En la ventana grande de la hacienda revoloteaban las nubes acercando la lluvia, láminas de metal y música de banda distorsionando aquella vista que si tuviera sonido fuese la de un corrido, donde los vientos acarreaban el olor a caña y tierra mojada, a leña quemada y sudor en las mantas. Y ahí bajo la lámina de metal y el sonido de la boda de un huitlacoche, el aire huele a muerte y dinero a injusticia y desamor, a conveniencia, capricho y amargura… Así la vida que fue y ya no será, así la vida de hoy que opaca la humildad del ayer, así todo lo que jamás regresa.

← Back

Your message has been sent

  • ← Back

    Your message has been sent