Waldo’s

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Waldo’s nació como una marca digital, vendiendo exclusivamente a través de plataformas de delivery. Después de operar una cocina durante varios años, vimos la oportunidad de entrar al juego real y abrir un espacio físico.

Ahí apareció un reto completamente distinto. Ya no era solamente desarrollar un producto que sobreviviera bien al delivery; ahora también había que aprender a dar servicio, construir experiencia y entender cómo hacer sentir algo dentro de un espacio físico… algo que nunca habíamos hecho.

Lo diseñamos pensando en cómo se siente pedir una burger, sentarte en la barra y ver cómo la hacen frente a ti. Creo que desde el principio eso hizo que el proyecto se sintiera muy honesto. Nada está escondido.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Definitivamente el rush. Cuando empieza el caos. Música sonando duro, la plancha explotada, órdenes entrando, delivery llegando, gente esperando burgers en barra… ahí es cuando el lugar realmente cobra vida.

Y creo que lo más cool de ese momento es ver a gente completamente ajena al proyecto disfrutando algo que nosotros llevamos años construyendo. Ahí es cuando entiendes que la idea sí conectó con alguien más allá de ti.

Y del espacio… definitivamente la barra. Ahí pasa todo. Ves cocinar, ves salir órdenes, ves gente esperando, ves delivery mezclado con gente comiendo en sitio. Me gusta porque el lugar nunca intenta esconder cómo funciona.

Somos muy obsesivos con detalles pequeños que probablemente nadie nota conscientemente… pero sí terminan sintiéndose.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Personalmente diría la cheeseburger. Para nosotros define muchísimo el concepto porque una burger sin complicaciones es muchísimo más difícil de hacer bien de lo que parece.

Ahora… hay gente que te va a decir que el chicken sandwich es el producto clave; otros, la bacon cheeseburger. Creo que depende muchísimo de cada quien y eso también habla bien del menú.

Y también sentarse en barra. Waldo’s no está diseñado para vivirse igual desde cualquier lugar. La barra literalmente es parte de la experiencia.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Creo que más que replantearnos algo, el desafío real ha sido mantenernos fieles a la idea inicial mientras el proyecto crece.

Hoy, abrir un restaurante fácilmente puede convertirse en querer hacer demasiado: menú gigante, demasiadas ideas, demasiadas colaboraciones, demasiadas cosas pasando al mismo tiempo.

Y creo que uno de los ejercicios más difíciles ha sido entender qué cosas sí suman al concepto y cuáles simplemente distraen. Mantener claridad cuando empiezan a aparecer oportunidades es mucho más complicado de lo que parece.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Creo que estamos en un momento donde existen marcas haciendo cosas increíbles y súper admirables. El reto realmente está en cómo desarrollas algo que pueda estar cerca de ese nivel de ejecución, servicio y experiencia sin perder identidad en el intento.

Venimos de ver marcas que quieren ser universales y terminan sintiéndose iguales.

Pero más allá de referencias específicas, creo que lo que más nos guía es no complicar algo que funciona bien. La marca es directa, el producto es honesto y entiendes lo que es Waldo’s desde el primer instante. Así debería sentirse todo lo que hacemos.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Lugares con personalidad real. De esos donde entras y sientes que alguien tomó decisiones muy específicas y no intentó gustarle a todo el mundo.

Si tuviera que mencionar una referencia, probablemente diría Nemesis. Me gusta mucho la obsesión que tienen por cada detalle. El producto, el diseño, la experiencia, la forma en que presentan las cosas y cómo logran que todo se sienta genuino.

Al final, los lugares que más me gustan suelen tener algo en común: tienen personalidad y se nota que detrás hay gente que realmente se preocupa por lo que está construyendo.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Probablemente alguien fuera de la industria gastronómica.

Un diseñador industrial, alguien obsesionado con la música, la moda, la arquitectura o la dirección creativa. Siempre me ha parecido mucho más interesante cuando la comida se mezcla con otras disciplinas porque empiezan a salir ideas raras.

Capaz haríamos algo súper absurdo.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La gente debe pensar que Waldo’s fue diseñado solamente pensando en verse cool… y la realidad es que hubo muchísima improvisación tratando de resolver problemas que nos íbamos encontrando en la propiedad.

Tuvimos la fortuna de trabajar con un grupo de arquitectos increíbles y, entre ideas, pruebas, cambios, mil vueltas y decisiones súper sobre la marcha, terminó saliendo algo muy especial.

La cocina abierta también nació muchísimo más desde una obsesión por cómo queríamos operar y relacionarnos con el cliente que desde una intención estética.

Y creo que eso es justamente lo que hace que el espacio se sienta tan natural. Nada fue demasiado forzado.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Probablemente sería una ciudad.

Una ciudad rápida, intensa, medio caótica pero muy limpia, llena de lugares pequeños donde las cosas pasan de verdad. De esas donde encuentras un spot increíble casi por accidente y después quieres regresar todo el tiempo.

Creo que Waldo’s tiene esa personalidad. No intenta explicarse demasiado. Lo entiendes cuando lo vives.

Respuestas por Danny Vielma, fundador de Waldo’s.