Veras que habitas en más de un lugar

Vengo retrasado once minutos. Estoy molesto y tú cansada.

Un momento para otorgar silencio. Tú te ríes y yo también. «Aún no me besas», pienso.

Te contaré cosas que olvidaremos al poco rato, mientras caminamos a casa y compramos cervezas.

Jugaré con la intriga que tengo cada que te miro lejana de mí.

Dame tu indiferencia, el esfuerzo de compartir, ese momento pequeño donde sí deseas estar conmigo y luego, las cenizas.

Déjame en medio de la nada. Sin ti.

Que, aunque me pienses, y sepas que es lo que tienes que hacer, apuestes la mirada siempre en algo más.

Dame un momento para entenderte. «Amor límpiame, amor cúrame.»,

Y dame un último para comprenderte. «El puro y el condenado actúan desde el amor.»

Es necesario romperse lo suficiente, lo necesario para dar lugar al otro.

Porque ese momento pedido y concedido, entre lo mágico e ilógico, se oculta otro mensaje. En el momentomensaje, habita lo real, desde aquello que existe y a la vez, innombrable.

No hay remedio. Me golpee suave, todo aquello que viene alud natural de ti.

Quedando atrapado en el consuelo de pedirte siempre un momento.

Un momento para buscar otro. Y en nuestro encuentro, uno preciso.

¿Acaso no das cuenta que mi mejor recurso, cuando te digo “escucha”, es porque quiero decir “te amo”?

Porque el mensaje es personal, con dedicatoria y recordatorio:

Ni la promesa, ni la vida, mi amor. Las circunstancias que se presentan y en pequeños lapsos, el vértigo, como producto de la elección, me vuelven a la vida-herida.

E irremediable e inevitablemente a ti. Siempre a ti.

«Escucha nuestro silencio.» reniego.

Otro momento para sentir.

Otro y te vas.

Uno más para saber que habitas entre mil cosas, entre femenino y lo masculino.

En nombre de aquello que amamos y atesoramos.

Te quiero decir: me muero por saber si ya vienes. Me muero por estar paradita entre tus pestañas y susurrar el mensaje.

Sonrió ante esta-otra-señal.

«Que no sea el último» pienso.

Pero me quedo quieto, en la espera, que detesto.

Y en el encanto.

Cuando la pelea ya haya terminado y haya gastado el último recurso, sentiré en el fondo del corazón… «¿Deberíamos estar más cerca?»

En silenciosos nudillos de desesperación.

Con valentía, vuelvo a despedirme.

Notas al lector “E”:

El mejor recurso que encuentro en, (ni siquiera poder trasmitirte aquello que siento, por que se me dificulta incluso escribir) decir aquello que quema, (con el miedo de abrir esa ventana y despojarla de cortinas, con el temor de escuchar sin novedad, el cansancio que tienes al escuchar de mí) es por algo que no recibirás pues has terminado con lo nuestro, pero aquí estoy, puntual y sin ti.

Entrego con valor y valentía mi corazón apenas en unas líneas. Con ningún fin y con pocas esperanzas a-penas colgando de la suerte. Porque amar temerosa nunca ha sido lo mío, incluso si eso no es reconocido. Porque para amar no se necesita reconocimiento, sino, saber que antes de la perdida, quiero ir por ti.

Y aunque reconozco que acepto lo que han hecho de ti y lo que decides ser, tampoco puedo quedarme quita. Porque, así como no es difícil amarte, tampoco existe una dificultad en mí. Por eso la quietud no es una opción. Pero tampoco dejarte de querer.

Y, en el inevitable desencuentro, estoy. Reviviendo una y otra vez esto que siento y que me atormenta. Porque aún nos imaginó en miles de escenarios, menos en los trágicos. Vaya inconsistencia. Ahí es donde me encuentro.

Fotografía por Luis Torres

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