Una tarde de café

3 mayo, 2020

Transcurren las horas, tantos cambios tan cotidianos que los dejamos pasar, la temperatura del día, la energía de nuestro cuerpo, las emociones pasajeras, y las que se quedan todo el dia. Tiene que haber una sensación fuerte para que te sientas emocionado por conducir, por ir lejos a un sitio, por esperar, por ver a una persona… pero como no estarlo, si ella es un «es», no un «está», hay una gran diferencia entre el ser y estar, el ser trasciende a lo interno, a lo que no se ve con los ojos, ni se siente con las manos, si no que se ve y se siente con el alma, eso que te obliga a decir, ella es hermosa, tanto por sus sueños, sus derrotas, sus decepciones, sus anhelos y virtudes, los defectos, y por supuesto, todo lo que hace brillas a ese gran esa hermosa mujer.

Podríamos hablar de lo hermosa que es, de su cuerpo, de lo sexy que es físicamente, pero ¿sabes que es mas atractivo?, la mente, la personalidad, la inteligencia, de que sirve ser una super modelo si eres la persona mas hueca del universo, esa es la belleza inesperada, la belleza que no se ve, esa es la verdadera. Lo único de lo que vale la pena hablar, físicamente, serian los ojos, los ojos son las ventanas al alma, puedes saber la historia de una persona, sus estado de animo, si miente o dice la verdad, tan solo con ver sus ojos, y créanme, esos ojos color café, son mi debilidad, esa mirada llena de sensualidad, fragilidad, delicadeza, y belleza, es lo que te derrite. Adoro los astros y el universo, y como no hacerlo, si en sus ojos veo constelaciones nunca antes descubiertas, que te transportan a un mundo nuevo, que te calman, que te alegran, que te llenan de emociones tan honestas y directas que no puedes imaginar que esto este pasando.

Agradezco esa tarde, esa tarde de café, café de sus ojos, café lleno de constelaciones, tan hermosas y tan hipnotizantes, que cuando pasa una estrella fugaz por ellas, pido un deseo, el deseo de poder hacerla feliz, poder hacerla sentir emociones nunca antes experimentadas, que vea, las constelaciones que yo veo, en sus ojos.

Esa tarde, de café.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *