¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Las últimas fotografías que hice fueron con rollos de cine. El proyecto es sencillo: lo cotidiano. Retratar la crónica de lo que siempre pasa, de aquello que quizá no era digno de la mirada simplemente porque siempre está ahí. Una sombra. Un golpe de luz. Una pared. Nada es valioso hasta que lo observamos. No hay abstracto, son más bien relatos. Creo que todo está por relatarse.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Entender, quizá, que no todo tiene que ser conceptual. Que el concepto, a veces, tiende a la pretensión y yo quiero profundamente alejarme de eso. La pretensión es algo que no es. La realidad, en cambio, es lo que es. Una fotografía del transporte público tiene muchas historias. Risas. Llantos. Desesperación. Prisa. Puede ser todo para alguien. Los recuerdos de la vida que ahí se vivió. Una imagen que de alguna manera siempre vive.

Aprendí que una imagen puede contenerlo todo, pero no es hasta que alguien la observa que cobra sentido. Y depende de quién. Y depende de cómo. Pero eso no lo controlo yo. Supongo que es parte del proceso de un artista: dejar ir. Suena sencillo. No lo es. Menos en un mundo de círculos, de pura entropía.
Con las fotografías regreso a todos los lugares, pero tengo que dejarlos ir. Sólo somos visitantes. Estoy en ese proceso.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Trabajar con lo cotidiano es, para mí, trabajar a ante bajo con contra de y desde el corazón. Desde la nostalgia. Los retratos son también memorias y creo que esa es la idea principal de mi trabajo: la memoria, la nostalgia de que algo pasó aquí.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Una de las novelas que más marcó esa serie de fotografías fue “En la tierra somos fugazmente grandiosos” de Ocean Vuong. Es una historia bellísima que toca diversas realidades: migración, pobreza, homosexualidad. Es brillante. De ahí se me coló eso: no pretender historias sino tomar las reales.
También, la fotografía de Laura Cohen fue una fuente de inspiración, pero más que en el plano nostálgico, en el plano técnico y de composición. Jugar con las exposiciones, atreverse a los contrastes, a la perfecta geometría.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Tratar de hacer algo “diferente”. Me causa conflicto pensar que esa palabra le da valor a un trabajo. Algo tipo como el “pensar fuera de la caja”, como si eso fuera garantía de un gran trabajo. No lo sé. Lo cuestiono. No quiero que se me malinterprete, a las fotografías les pongo todo mi empeño y conocimiento, sin embargo, me es difícil encontrar esa línea entre algo “diferente” pero que logre escapar de lo presuntuoso. No quiero decir que todo debe ser igual, tampoco. Sólo que una perspectiva sin pretensión puede ser algo. Eso busco. Eso me interesa. Ya basta de mamonerías.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Hace poco fui a una pizzería de acá en Aguascalientes, se llama Diavolo Rosso. Es pizza a la leña y está en una esquina, porque sólo en las esquinas habita la mejor comida. Eso y los tacos de barbacoa de La Purísima. Creo que me encanta comer directo de la mano y supongo que hay algo de análogo en eso.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
“Todos mis encuentros” y el soundtrack lo haría El Mató a un policía motorizado. O quizá Olivia Dean. Muy seguramente Olivia Dean. Es que estoy enamorado.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Empezaría por Pris. Tiene un proyecto relindo que se llama @abordandome y hace cerámica e ilustraciones digitales. Más tendrían que conocerla. Y otra sería Mitu Rozenmuter, es una fotógrafa buenísima cuyo corazón se divide entre Argentina y México. Sus fotos me inspiran.

Alérgico al durazno, periodista, escritor y licenciado en sueños. Adoro las ballenas, los elefantes y los árboles con todo y sombra. Y a Fernanda, por supuesto.
