Sueño en otro idioma

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Creo que, históricamente (si es que se le puede decir así), mi fotografía siempre ha girado en torno a documentar. Me interesa dignificar, dentro de lo posible, las historias que me encuentro; no importa dónde esté o a dónde vaya. Para mí, la cámara es una forma de acercarme a las personas y encontrar belleza en lo cotidiano.

Recientemente tuve la oportunidad de colaborar con México Análogo, Rollei, Analog Store y, por supuesto, con ERRR Magazine en su publicación número 43, “Come Together”. En estas últimas semanas participé junto a otros nueve fotógrafos de distintas partes de la República Mexicana en un proyecto con Rollei, en el que cada uno de nosotros puso a prueba un rollo diferente. Fue un ejercicio intenso: teníamos solo una semana para disparar y entregar el resultado. Más allá del reto técnico, me gustó la idea de cómo distintas miradas pueden surgir de un mismo punto de partida, y cómo cada una conserva su propia voz. Durante el verano también trabajé como fotógrafo principal en Pali Adventures, en California. Fue una experiencia que me exigió al máximo: fotografiar todos los días, de amanecer a anochecer, buscando siempre mejorar. Fue un reto enorme, pero también una escuela muy valiosa sobre disciplina, ritmo y observación.

En paralelo, estoy transitando poco a poco hacia la dirección de cortometrajes documentales y la dirección de fotografía en general. Vengo de la escuela de la fotografía análoga, y hasta hoy es donde me siento más en mi medio, más como pez en el agua. Sin embargo, dar el salto al video y aprender a contar historias con más de un fotograma ha sido una curva de aprendizaje pronunciada. Aun así, me emociona estar trabajando ya en mi primer cortometraje, escrito y dirigido por mí.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Cuando recibí el rollo de Rollei, lo primero que pensé fue ¿qué historia quiero contar? Y, para ser sincero, al principio no lo sabía. Me quedé en blanco, intentando forzar una idea que no llegaba. Con el tiempo entendí que las historias no se buscan, aparecen cuando menos lo esperas, o a veces son ellas las que te encuentran a ti.

Pasé varios días pensando a dónde ir, pero nunca me ha gustado salir con la intención de “conseguir una foto”. Prefiero dejar que el día me sorprenda. Lo mío siempre ha sido caminar, observar y esperar. Hay algo profundamente honesto en mirar sin expectativa, en confiar en que la historia se revelará por sí sola. Si bien admiro la composición cuidadosamente planeada, me di cuenta de que lo que realmente me mueve es el instante espontáneo, ese que no avisa. Fue un proceso de aprender y desaprender al mismo tiempo inventar motivos para seguir caminando, cuidar cada disparo, y sobre todo, contar las historias de la calle con dignidad.

En paralelo, mientras trabajo en mi primer cortometraje, he descubierto algo parecido, aunque desde otra perspectiva. Siempre pensé que el cine enseñaba solo técnica, pero ahora entiendo que también es una forma de ternura. Gracias a varios cineastas que admiro profundamente y que con paciencia me han enseñado desde cómo construir un storyboard hasta cómo pensar una historia más allá de uno mismo, he comprendido que crear no se trata solo de hacer algo que me conmueva a mí, sino de lograr que también toque a quien lo vea.

Al final, creo que de eso se trata, de mirar con amor, de escuchar lo que la vida tiene para contar, y de dejar que las historias, cuando llegan, se queden contigo el tiempo que necesiten antes de seguir su camino.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Siempre tengo presente una frase que guardo en mis notas del celular, como recordatorio: “Sin caer nunca en el miserabilismo o el exotismo.”

Cada vez que salgo a fotografiar, ya sea en la calle, en alguna comunidad alejada o incluso en otro país, pienso en eso. Creo que una de las habilidades más importantes que puede tener un artista es la empatía, o esa sensibilidad, la capacidad de sentir, aunque sea un poco, el dolor o la alegría de las personas que retrata.

Observo mucho las manos, la forma de caminar, las miradas. Sin conocer a alguien, hay gestos que te cuentan lo esencial de su historia. Es como si por un instante pudiera asomarme a su corazón, y ahí, en ese momento de conexión silenciosa, decido si tengo permiso de contar su historia desde alguna de mis cámaras.

Detestaría convertirme en parte de ese grupo del que habla Sombra en la película “Güeros” (2014):

“Agarran unos pinches pordioseros, filman en blanco y negro y dicen que ya están haciendo cine de arte.”

Esa frase me marcó. Es fácil aprovecharse de la vulnerabilidad de alguien y convertirla en estética. Por eso, cada vez que tomo una foto, me repito lo mismo: que mi trabajo nunca sea a costa de la dignidad de otra persona. Que mis imágenes acompañen, no exploten; que miren de frente, no desde arriba.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Últimamente me ha acompañado mucho “Minamata”, la película que cuenta la historia de W. Eugene Smith, un maestro del documentalismo que luchó por darle voz a comunidades silenciadas a través de la fotografía. Su forma de mirar el dolor con respeto me recordó por qué hago lo que hago. También me marcó “Kitchen Confidential” de Anthony Bourdain, ese aventurero que decidió conocer al mundo por medio de la cocina, no como un fin en sí mismo, sino como un puente para conectar con las personas; su manera de narrar la vida con hambre, literal y metafórica, me inspira profundamente.

Otro impulso reciente ha sido el trabajo “Carnalismo” (2024), dirigido por mi gran amigo José Luis Cano, y el cine de Neuderts, que nunca deja de sorprenderme. De Hermann Neudert he aprendido mucho sobre la delicadeza del proceso creativo: cómo construir una historia desde la intención y no desde la prisa. Gracias a él entendí que contar algo con verdad no siempre significa hacerlo perfecto, sino hacerlo con alma.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil últimamente ha sido creérmela. Creer de verdad que puedo hacer lo que hago, sobre todo ahora que más personas ven mi trabajo y cada proyecto me exige estar a la altura. A veces pienso demasiado en mi proceso creativo, y cuando eso pasa, todo se traba. Me cuesta soltar el control y simplemente dejar fluir. He tenido que recordarme por qué empecé, qué es lo que me mueve. Siempre he dicho que haré esto mientras me apasione, y esa idea me devuelve el rumbo cada vez que dudo. Poco a poco he aprendido a dejar atrás los proyectos donde me sentía solo una herramienta, para enfocarme en aquellos que me permiten crear con libertad, donde puedo crecer junto con las personas que colaboran conmigo.

Al final, lo más difícil no ha sido el trabajo en sí, sino convencerme de que soy capaz, que merezco estar aquí, y que todo lo que he construido viene de un lugar honesto. Creérsela, a veces, es el acto creativo más grande de todos.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Me agarran un poco en curva, porque casi siempre estoy buscando nuevos lugares para probar, pero hace no mucho descubrí un restaurante japonés llamado Mensho, en San Francisco. Probé el mejor ramen que he comido en mi vida el Signature Toripaitan Ramen. Es una experiencia totalmente distinta y llena de sabor. Sé que es una cadena, así que se puede encontrar en varios lugares, pero aún así, si tienen oportunidad, se los recomiendo sin dudar.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Creo que robaría el título de “Sueño en otro idioma”, y el soundtrack lo haría Dan Levy, de la banda The Dø, quien también compuso la música de “J’ai perdu mon corps”, algo acá medio mecancolicón y delicado.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Se me vienen muchísimos artistas a la mente, pero últimamente pienso mucho en el cine del norte de México: Hermann Neudert, bueno, en general todos los hermanos Neudert, José Luis Cano y toda esa nueva generación de cineastas duranguenses. También me inspira toda la banda de folk e indie mexicano, Haruki Murakami, Sebastião Salgado, y la lista sigue. En general, mis mayores ejemplos a seguir son relativamente cercanos. Dicho esto, admiro mucho y no menosprecio a los grandes nombres del cine y la cultura: Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alfonso Ruiz Palacios, Ari Aster, entre otros. Más allá de los grandes, sin embargo, son las palabras, la pasión y la visión de quienes me rodean las que me inspiran todos los días.