Te dejé ir…

Hace poco menos de un año decidí dejarte ir cuando entendí que yo ya no era quien te hacía feliz.

Te dejé ir cuando ya no había más de ti en este absurdo cuarto donde algún día te tuve. Porque a pesar de los veranos o de los inviernos, extrañarte nunca fue suficiente motivo para que te quedaras.

Y no es queja. Lo comprendo.

Te mereces todo lo feliz que eres y todo lo que te están dando, simplemente no te voy a mentir. Me dolió hasta el alma dejarte ir.

Te dejé ir porque quiero que te amen como yo nunca pude demostrártelo.

Con el tiempo se me quitará la estúpida maña de contarle a desconocidos nuestras anécdotas, dejaré de escribir cosas como estas.

Ahora entiendo que me cambiaste la vida para bien, gracias a las decisiones que tome por estar a tu lado conocí a gente maravillosa, conocí a una persona que me enseñó (en poco tiempo) lo que era ser querido y querer de una manera más libre, más sincera, pero sobre todo más auténtica.

Te dejé ir para que los alcoholes no me sepan a tus recuerdos, para que tus ausencias no me sepan a resaca, para que no seas tema de conversación entre mis amigos, para que no seas anécdota, ni recuerdo, para que seas pasado y no presente, para que hagas tu vida sin mi, para que no aparezcas repentinamente en mi vida, para que no sigas en mi. Para que tu recuerdo no me sepa a cigarro, a música, a Diciembre, a recuerdos, a semanas, a meses, a años, a noches sin dormir -como esta- y como muchas otras.

Y probablemente nunca leas esto.

Por eso en medio de una borrachera decidí dejarte ir.

Me despedí de ti y de tus recuerdos, tenía que cerrar ese círculo qué algún día abrimos.

Respiré profundo y poco a poco empecé a recordar cada uno de los momentos que pasamos juntos, cada uno de tus abrazos, tus miradas, tus sonrisas, tus besos…todo.

Esa vez ya no salieron lágrimas, esa vez eran sonrisas y suspiros de alivio.

Hoy; te agradezco tu tiempo y ese poquito amor que me solías dar.

Y tal vez no sabías lo que hacías o tal vez sí, pero realmente eso ya no importa.

En mi ya no queda odio o rencor hacia ti, espero ahora hayas despejado tu mente y seas feliz. (Yo ya no estaré aquí esperándote).

Y no, no te preocupes por mí, preocúpate por ti y por no volverte a engañar así.

Fotografía por Eduardo Pedro Oliveira

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