T Ó X I C O S

No estaba mal sola, pero cuando te conocí simplemente se sintió bien, como si mi desorden estuviera a punto de encontrar su lugar. Todo fluyo tan natural, tan como si estuviéramos destinados a ser. Vibramos y fluimos.

Tú me gustaste y no de la forma en la que me gustaban otros.

De esa noche, (y de muchas de nuestras noches) recuerdo todo, cada detalle, cada palabra, cada mirada. Suena ridículo pero solo éramos tú y yo, rodeados de gente, pero seguíamos siendo solo tú y yo, parecía que todos desaparecían a nuestro alrededor. Estoy segura que hasta te puedo decir en qué momento me enamoré de ti.

Éramos felices, nos acostumbramos tan rápido a estar juntos, éramos algo natural. Trate muchas veces de poner mi barrera de frenar un poco la cosas, tenía miedo de todo lo que me hacías sentir, pero no funcionó, entre más tiempo pasábamos juntos más te me ibas metiendo en el corazón.

Y como toda buena historia de amor nosotros empezamos siendo muy buenos queriéndonos.

Después de algún tiempo la intensidad con la que nos queríamos nos fue cobrando factura. Así como sacabas lo mejor de mí también sacabas lo peor. Éramos los mejores amantes pero también los mejores enemigos.

Al principio las peleas eran sencillas y las reconciliaciones más, flores y besos y eso era suficiente para estar de bien de nuevo. Pero cada vez que peleábamos íbamos superando los  límites, era como si nosotros mismos nos estuviéramos retando. Las discusiones cada vez se hacían más grandes, dejamos de hacer el amor para hacer solo la guerra.

Aprendimos con mucha facilidad como hacernos daño, a herirnos tanto que a veces me sorprendía los niveles de maldad con la que actuábamos.  Nos alejamos tantas veces que ya hasta perdí la cuenta, eran rupturas dramáticas, llenas de gritos, lágrimas, insultos. Pero así como nos decíamos adiós los holas no eran tan diferentes.

Muchas veces pensaba que estar separados era peor que estar juntos. Me destrozaba que estuviéramos separados yo sabía que estar juntos ya no estaba bien, no se sentía bien sin embargo esa ley de atracción siempre jugaba en mi contra, te volvía a ver y todo valía madre, mi dignidad, mi orgullo, todo. Estuve mucho  tiempo atrapada entre dejarte ir o correr hacia ti. Te

Éramos lo que jamás pensé que seríamos: tóxicos.

Me rompiste de muchas maneras, lo que me costó entender es que la persona que te rompe no te puede arreglar.

Fotografía por Santo

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