Rinoceronte

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Esta librería nació de la inesperada unión entre un elefante y un rinoceronte. El elefante se llamaba Abul Abbas, nombre, a la vez, del primer elefante blanco en pisar Europa, propiedad de Carlo Magno, y de un pequeño fanzine. El pequeño fanzine se vendía en algunas librerías de la ciudad, una de ellas se llamaba Rinoceronte, en la zona de hospitales de Tlalpan.

A finales de 2017, nos dijeron que la librería cerraría, que recogiéramos los fanzines que no se hubieran vendido. Pero la librería no cerró, ni tampoco nos llevamos los Abul Abbas, sino que nos convertimos en los nuevos administradores. Estuvimos unos seis años en Tlalpan y, cuando nos tuvimos que mudar, llegamos a Coyoacán (llevamos año y medio ahí). Ahora, muy recientemente, abrimos otro local en Santa María la Rivera.

Lo que desde un inicio nos hizo diferentes al resto de las librerías de viejo fue nuestra absoluta ignorancia del medio. No sabíamos ni cómo conseguir libros, ni cómo venderlos. Lo único que sabíamos era que nos gustaban. Aparentemente, con eso fue suficiente. A partir de nuestros gustos, y de los de los clientes que con el tiempo fuimos adquiriendo, fue que fuimos configurando el catálogo de la librería.

Otra cosa que nos diferenció es que el local era muy pequeño (en Coyoacán sigue siéndolo, aunque menos), con lo que tenemos que ser sumamente selectivos a la hora de acomodar algún libro; no hay espacio para todos, sólo para aquellos que, a nuestro juicio, son mejores.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
La mitad del trabajo para vender libros consiste en comprarlos. Esa es la parte que más disfrutamos. Evidentemente, es una gran satisfacción cuando algún cliente nos compra algún libro que llevaba lustros buscando o del que se enamoró a primera vista, y nos agradece como si le hubiéramos salvado la vida, o cuando nos habla del autor con una devoción que compartimos… pero para que ese libro llegara a sus manos, primero lo tuvimos que haber conseguido nosotros.

Semanalmente, llega una gran cantidad de libros por su propia cuenta, sin que la pidamos: la gente simplemente los trae a vender. En cuanto a cantidad, con eso bastaría para mantener suficientemente nutridos los libreros: de hecho, siempre llegan a mayor velocidad de la que se pueden vender, lo que tiene como consecuencia la aparición de nuestras famosas montañas de libros sin acomodar en los rincones más insospechados del local. La cantidad, por lo tanto, está asegurada: la escasez de libros es algo que nunca conoceremos.

La calidad, en cambio, no llega con la misma facilidad. En su búsqueda, hemos ido a bibliotecas personales, bodegas, otras librerías, con distribuidoras, hacemos pedidos a Argentina, a España… En fin, por todos lados buscamos, por todos lados encontramos. Es algo de lo que no nos cansamos y que siempre disfrutamos.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Siempre hay ciertos libros que no es posible encontrar en ninguna otra librería de la ciudad. Varios están a la vista, otros hay que buscarlos un poco más, pero dedicando algunos minutos, aparecerán. Vale la pena sumergirse un rato en los libreros.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
La pandemia. Cerramos el local completamente durante tres meses, y parcialmente varios meses más. Comenzamos a publicar libros diariamente en Instagram; el comercio digital era la única manera de seguir generando ingresos, pues aunque amablemente nos hicieron un descuento, la renta del local seguía corriendo.

La respuesta en las redes fue inesperada, una o dos veces a la semana recorríamos las calles desiertas de la ciudad para entregar libros a domicilio; también íbamos frecuentemente al correo a llevar paquetes con destino a otras ciudades de la república. No había muchos lugares donde conseguir libros, y así fue que dimos con las distribuidoras y comenzamos a vender libros nuevos. Lo que parecía un posible fin, hizo que nuestros libros llegaran a partes de la ciudad y del país que de otra manera no hubiera sido posible.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Probablemente, la de tratar de vender lo que nos gusta. Buscar imponer nuestro gusto literario. Simon Reynolds dice que en cierto periodo de la crítica musical, los jóvenes melómanos, como él mismo, escribían en las revistas de acuerdo a la máxima de Shelley: “Los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo”. Actuaban como si estuvieran dictando las leyes universales del buen y mal gusto musical, y de sus juicios apasionados surgían amores incondicionales y odios furibundos hacia discos y bandas.

Nuestro caso es muy distinto: vendemos un poco de todo, y lo que nos pidan siempre trataremos de conseguirlo. Sin embargo, esa máxima siempre estará en el fondo de nuestras decisiones, y los escritores que más nos gustan estarán en nuestros libreros en un lugar privilegiado en espera de un lector afín.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
En la presentación del pequeño fanzine Abul Abbas, había un cuartito en el que se permitía la entrada a una persona a la vez. Ahí, un personaje esperaba tras una mesa con cinco cartas de baraja boca abajo. Cada carta, en lugar de ases o reyes, tenía un dibujo particular; cada uno representaba algún breve texto del fanzine.

El visitante debía descubrir una carta al azar y, al instante, el personaje, cual oráculo, recitaba en tono neutro el texto representado por la carta. Este pequeño acto estaba en parte inspirado por Mario Bellatin y sus dobles escritores: en ese proyecto, Bellatin escogió a cuatro importantes escritores mexicanos (Elizondo, Pitol, José Agustín y Margo Glantz) y a cada uno de ellos les llevó a una persona completamente ajena a las letras para que la “entrenara” durante varios meses sobre diversos temas pertinentes y representativos de cada escritor. Posteriormente, llevó a los sujetos entrenados a París para que allá fueran interrogados por el público y, con base en su entrenamiento, respondieran tal y como lo hubieran hecho los escritores reales.

Algo así podría ser interesante en Rinoceronte, y probablemente a Bellatin se le podría ocurrir alguna otra variante en la que la literatura y las ideas puedan transmitirse de una manera que eluda las tradicionales presentaciones de libros o lecturas en voz alta.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
En los dos locales tenemos cuadros con rinocerontes representados. Ocasionalmente, hay quien se interesa por ellos y quiere saber su precio. Pero no están a la venta: prácticamente todo lo demás lo está o podría estarlo, pero esos cuadros no. Fueron pintados por artistas a los que les pedimos un cuadro para la librería en nuestro aniversario. El cuadro de 2025 lo realizo Julián Madero. El del año anterior, fue obra del artista chileno Wladymir Bernechea, y hace dos años fue la artista argentina Nadja Valsa quien nos hizo la ilustración.

Hay, también, algunas figuras de rinocerontes desperdigadas por los locales que tampoco podemos vender: un rinoceronte de piedra volcánica, otro de tela, uno de plástico, algunas ilustraciones también… fueron obsequiados por clientes que sentían una inclinación especial por el animal cuyo nombre portamos, que los coleccionaban y que decidieron compartirlos con nosotros.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Podríamos decir Psychocandy de The Jesus and Mary Chain: el ruido y la distorsión serían las montañas de libros, fascinantes pero abrumadoras, en medio de las cuales aparecen brillantes melodías o, en nuestro caso, joyas literarias, las cuales le dan sentido y unidad a todo lo demás.

Además, esa mezcla de vanguardia experimental con pop (imaginen a Einstürzende Neubauten como banda de apoyo de los Beach Boys) va también bastante acorde con nuestra estética: podemos tener libros raros, experimentales, que no mucha gente leería (un ejemplo que me viene a la mente: Inquieto, de Kenneth Goldsemith, donde el autor describe minuciosamente las sensaciones que pasan por su cuerpo durante un día: si mueve la pierna, si traga saliva, todo lo escribe), junto a otros libros universalmente aclamados y populares, que también nos gustan.

Psychocandy es un disco bastante conocido, pero tampoco tanto, ligeramente de culto, como Rinoceronte que, aunque tiene sus buenos seguidores, se mantiene cómodamente al margen de la fama.

Respuestas por Carlos Ramírez e Itzel Pedrozo, admnistradores de Rinoceronte