¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Este proyecto nace de un anhelo que tomó forma después de la pandemia, cuando decidimos emprender mi pareja y yo en Paracho, Michoacán, el lugar donde crecimos. Planeado desde el inicio con intención y cercanía, el espacio refleja la unión de dos visiones que se complementan en estilo, gustos e intereses, dando como resultado una propuesta auténtica y profundamente personal.

El objetivo era ofrecer café de alta calidad en un entorno acogedor, pensado para integrarse a la vida cotidiana de la comunidad local. El proyecto mantiene pilares bien definidos: la calidad en cada producto, una apuesta por lo natural, el compromiso con el cuidado del medio ambiente y la colaboración con artistas visuales de la región.

Es un espacio de estilo industrial cálido con acentos naturales y artísticos, donde un mural protagónico aporta identidad a la marca. La combinación de herrería, texturas, madera y cerámica, junto con una paleta de tonos cálidos, crea una atmósfera contemporánea, acogedora y visualmente distintiva.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Disfrutamos el proceso creativo detrás de cada bebida: desde la elaboración hasta el latte art, así como la conexión que se genera al ver la reacción de nuestros clientes al recibir y probar cada taza. Una de nuestras motivaciones es aprender constantemente y cuidar cada detalle en los procesos de repostería y alimentos.

El espacio, en su conjunto, es un lugar armónico y agradable para trabajar. Disfrutamos estar en un entorno donde el café y el arte conviven, y en un espacio que promueve el consumo de lo natural, así como el respeto por el medio ambiente. Creemos que no hay algo tan cuidado y con este enfoque en el pueblo.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
En cuanto al menú, destacamos especialmente nuestra bebida Kaffa: una mezcla de café con miel natural de la región y leche de coco. En comida, nuestro Panini Green, una receta especial con ingredientes verdes y un chimichurri de la casa.

Más allá del menú, la interacción que se genera en el espacio y la posibilidad de que cada visitante descubra y aprenda más sobre nuestra propuesta hacen de cada visita una experiencia cercana.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de los desafíos más interesantes ha sido el propio espacio: pequeño y ubicado en una casa antigua, lo que implicó adaptar varios procesos de instalación y replantear ciertos aspectos del plan de negocio para aprovecharlo al máximo. Este reto nos llevó a ser más creativos y flexibles en la forma de operar.

Por otro lado, generar acercamiento hacia el café de especialidad, compartir lo que aprendimos y despertar el interés por una propuesta natural, en parte orgánica, que invita a consumir con conciencia.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nuestra principal guía sigue siendo el gusto del día a día: mantener altos estándares en calidad y servicio, cuidar cada detalle y, sobre todo, la satisfacción de quienes nos visitan. Esa conexión cotidiana con nuestros clientes es lo que continúa dando sentido y dirección a todo lo que hacemos.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspira nuestra comunidad Punto Kaffa: los clientes que nos eligen día a día y quienes regresan y nos hacen parte de su historia. También nos motiva la respuesta a nuestros productos, el impulso a artistas locales y la recomendación de nuevos visitantes. Cada interacción nos impulsa a seguir mejorando y ofreciendo una mejor experiencia.

Esta colaboración con ERRR Magazine representa un reconocimiento emocionante y confirma que nuestro alcance puede ir más allá de lo local, alineándose con nuestro pilar de apoyar a artistas visuales, ahora a nivel nacional.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Mariana Motoko es una artista visual cuyo trabajo sentimos afín a nuestro estilo. Su enfoque minimalista logra transmitir la identidad de distintos espacios y comunidades, una sensibilidad que se alinea con nuestra propuesta y que nos gustaría integrar en el diseño de un mural para un nuevo espacio.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
El local está ubicado en la casa de mis abuelos. Hace muchos años, mi abuelo vendía “piquetes” a los vecinos de la época. Hoy, ese pasado nos brinda un carácter especial y un aire profundamente familiar que sentimos nos acompaña todos los días.

Algunos elementos de la decoración actual son objetos de aquellos años, integrando esa memoria al presente y manteniendo viva la historia del espacio.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
One Hundred Years of Solitude, por su manera de entrelazar tiempo, memoria y comunidad en una misma historia. Nuestro espacio es un punto donde lo simbólico convive con lo cotidiano, formando parte de un relato colectivo que se reescribe todos los días.

Dos canciones de estilos que se escuchan frecuentemente en nuestra cafetería: There Is a Light That Never Goes Out de The Smiths, y Tiene Algo de Kevin Johansen.

Respuestas por Teresa Díaz y Raúl Alfaro, propietarios de Punto Kaffa.