Peso 160 kilos y jamás he sido amado

16 enero, 2018

El colesterol inunda mis arterias,
el eco de la muerte en mi bote de helado.

Una chica sonríe en el pasillo.

Pienso en mis sueños
como el brillo de una lata de sardinas
en un almacén casi vacío.

¿De qué color será el ataúd que persiste en los suyos?

Puede ser que a ella también
le guste la carne de cerdo
o
como yo
prefiera el pollo frito.

Tengo un par de tacones rojos,
ahora sólo me falta una mujer.

Fotografía: ourutopia