¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Actualmente estoy trabajando con tres personas muy importantes en mi vida en un estudio creativo que lleva por nombre Quincunce. Nos encontramos en un proceso de desarrollo, iniciando por la creación de nuestra identidad y buscando definir lo que queremos ser dentro del mundo del arte.
A nivel personal, llevo tomando fotografías por más de diez años; sin embargo, a partir de que comencé en la fotografía analógica le di un sentido de búsqueda a mi trabajo, donde todo lo que fotografiaba se volvió un cuestionamiento constante sobre la pertenencia, la identidad y el simple hecho de existir y “ser”.
Este proceso me fue guiando hacia una búsqueda propia de mi persona, ya que al observar podía notar la facilidad con la que las personas coexisten, sin incomodidad o miedo al entorno social; naturalmente las personas existen. Yo, en cambio, sentía que carecía de esa existencia y fallaba al intentar ejercerla, por lo que mis fotografías se volvieron un anhelo de esa existencia con sentido.
Me encuentro en una etapa de mi proyecto en la que intento conectar todos esos años pasados en una especie de tesis visual, recopilando todo lo que he aprendido a lo largo de mi trayectoria personal. Considero que, más allá de ser un proyecto para la contemplación ajena, ha sido un proceso de aprendizaje que se impregnó en mi persona, donde de manera empírica recolecté conocimiento para poder sobrevivir a circunstancias difíciles que me han desbordado emocionalmente.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Al principio creía que las únicas fotografías que podían comunicar algo, tener más profundidad o cargar con el peso de una historia, eran aquellas donde había personas involucradas. Sin embargo, comencé a notar que todo lo que nos rodea dice algo.
Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar el pueblo en el que nací. Al ver casas aún deshabitadas, pensaba en cómo observarlas me generaba sentimientos ocultos que no lograba identificar con claridad, pero que eran completamente palpables. No estaban abandonadas, simplemente ya no había una vida humana presente; lo curioso es que la identidad de aquel lugar no perdió su esencia.
A partir de ahí amplié mi panorama y mis ojos ya no solo capturaban a las personas, sino también la manera en la que sus identidades permanecen en los espacios que habitan y en quienes los rodean.
Desaprendí a observar para volver a aprender a hacerlo.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Hay un cortometraje, una película, una canción y un poema que siento que se encontraron con mi trabajo.
El cortometraje se llama Persona: Pasear de noche de Kim Jong-kwan. Trata sobre una chica que se reencuentra en un sueño con su última pareja para despedirse de él una última vez, ya que ella había muerto días antes. Conecté con una parte del guion en la que ella dice: “Los sueños y la muerte no conducen a nada, terminan en la nada y caen en el olvido. Estamos aquí, pero nadie nos recordará. Todo desapareció y solo queda la noche. Adiós”.
La película es Memorias de un caracol, de Adam Elliot. Esta obra logra capturar una característica profundamente humana que hasta la fecha me sigue sorprendiendo: la resiliencia, algo que he contemplado en muchas personas que me rodean y a quienes he fotografiado.
La canción “Class of 2013”, de Mitski, habla sobre seguir soñando a pesar del rastro de cansancio que deja en su camino. La sentí muy personal la primera vez que la escuché; sin embargo, cada vez que tenía una conversación profunda con alguna persona, me sentía acompañada y comprendía que existe una enorme complejidad en las personas, tanto caos, pero que aun así siempre hay un destello de luz cálida que impulsa a seguir soñando.
Por último, un poema de Alejandra Pizarnik, extraído de sus diarios:
Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie…
Este fragmento se relaciona profundamente con mi interés por comprender la amplitud de este mundo y de las personas que lo habitan.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
La presión que me otorgo a mí misma ha dejado rastros de bloqueos creativos y de ideas que, al sobrepensarse, terminan convirtiéndose en proyectos abandonados o pensamientos al aire. Considero que la parte más difícil ha sido seguir confiando en mi mente para generar nuevas ideas y dejar de desconfiar en aquellas que ya existen.
También siento que el mundo corre mientras yo apenas camino. Soy una persona muy ansiosa y el tiempo es un factor que me mantiene constantemente apresurada. A veces me abruma tener tantas cosas que hacer, pero cuando logro organizar mis ideas, poco a poco vuelvo a fluir creativamente.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Soy bastante inestable cuando se trata de tener lugares favoritos, ya que siempre los cambio. Actualmente, uno de mis lugares preferidos no es un restaurante, sino una cafetería llamada Roland. Puede sonar extraño, pero no se van a arrepentir: siempre pido el jamaica bajo cero, un cold brew con concentrado de jamaica. Cada vez que ando por Barrio Antiguo hago casi siempre una parada obligatoria y, como extra, todas las personas que trabajan ahí son muy amables.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Creo que se llamaría Las cenizas vuelan y quien haría el soundtrack sería Lana del Rey.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Los trabajos de Petra Collins, Carlos Manuel y Juan Carlos Beltrán son los que más me han inspirado. Considero que su trabajo es muy cuidado: desde sus encuadres, el manejo del color en sus tomas, los contrastes cuando utilizan el blanco y negro, hasta la emoción que emiten y todo lo que pueden comunicar en una sola fotografía. Su manera de trabajar me parece creativa, natural y con una dirección impecable.

Soy pseudo fotógrafa y actualmente trabajo en Pantera Film Lab. A mis 27 años de vida sigo buscando, a través de la fotografía, una definición de lo que verdaderamente es ser artista para mí.
